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Las sectas de mi tiempo

Los grupos radicales que enajenan a sus miembros siempre han existido y siempre han sido repudiables

OPINIÓN

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Hay en nuestro país una explosión de agrupaciones que han cooptado a muchas de las mentes más capaces de mi generación y cuya mera existencia es una noticia lamentable. Su éxito se debe, por un lado, a los cambios en el mundo de la comunicación política y, por otro lado, al fracaso del modelo de formación de cuadros de los partidos.

Estos nuevos grupos, presentes en todos bandos del espectro político, ofrecen crecimiento y relevancia. Pero la pertenencia no es gratuita. Son grupos que funcionan como secta y, como en cualquier hermandad, se exige lealtad absoluta.

El pensamiento crítico está vetado, las posturas son asumidas como dogma y el peor castigo imaginable es enfrentar el ostracismo.

He visto con pesar cómo jóvenes brillantes a quienes antes admiraba, pasan de pronto a actuar como rebaños en las redes. Cómo ceden su criterio individual en una especie de frenesí colectivo que los ciega. Cómo atacan y defienden por consigna, coordinados y sin permitir nunca que una postura suya sea tomada como signo de deslealtad. Se dan palmadas en la espalda cuando destruyen la moral de un oponente, y se defienden entre ellos sin importar lo equivocado, dañino u ofensivo de sus comentarios.

No se atreven a dudar en público, a concederle un argumento a un interlocutor o a coincidir en opinión con alguien a quien el grupo tiene enlistado como enemigo. Son personas inteligentes que han decidido renunciar a su propio criterio.

Los grupos radicales que enajenan a sus miembros siempre han existido y siempre han sido repudiables. La diferencia ahora es el componente mediático.

Estos grupos están convirtiendo a sus militantes en meras caricaturas de sí mismos. El compromiso se mide en tuits, publicaciones y videos. La lealtad es pública y cuantificable.

Sus miembros saben que siendo parte del grupo están protegidos y tendrán acceso a círculos que consideran influyentes. Formar parte del club les dará likes, followers y popularidad. Pero también saben que cualquier traición puede costar muy cara.

Lo que antes era sólo la expulsión de un grupo, ahora se vive como linchamiento público, visible al mundo para que todos los observadores se sumen al castigo. Entrar al grupo es relativamente fácil, mantenerse exige un compromiso desbordado y hacen creer que la salida es imposible.

La existencia de estos grupos es lamentable, porque genera un falso sentido de relevancia alrededor de la mediocridad. Más grave aún, estos grupos le roban al país la posibilidad de tener a esos jóvenes pensando por sí mismos y construyendo de manera colectiva sin perder su individualidad. [nota_relacionada id= 1177565]

Temo que una parte de nuestra generación se pierda ahí y que, después del fervor con el que vivieron sus años estudiantiles, se sumerjan en la coyuntura sin pensar en un proyecto más amplio de país.

POR FERNANDA CASO
FERNANDACASO@HOTMAIL.COM
@FER_CASO
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