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El club de los tragasapos

Funcionarios y aliados de la 4T ajustan sus discursos a la realidad adversa y a los designios del Presidente

OPINIÓN

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Eres un epidemiólogo de cierto reconocimiento, formado en la Universidad Nacional Autónoma de México y la Johns Hopkins, o sea, con la suficiente preparación, si no para frenar una pandemia, que es tu chamba, al menos para entender, meses después, cuando ya lo demostraron los países en los que no ha habido una mortandad infame como en el nuestro –Japón, Corea, Vietnam–, que el uso masivo y constante de cubrebocas es una herramienta fundamental, ineludible, para luchar con el coronavirus. Trabajas, sin embargo, para un presidente que se niega a usarlo, nadie entiende la razón.

¿Qué haces? Relativizas su utilidad, dices que tampoco es que haya una evidencia contundente de que sirve para algo, lo llamas “auxiliar”… y lo haces entre 50 mil muertos, al precio de tu reputación y probablemente de tu futuro profesional.

Estudiaste economía en la UNAM, el Colegio de México y la Universidad de Nueva York, te toca salvar a este país de la crisis y la depauperación que ya lo golpean sin piedad por las decisiones del Presidente, dices que el cubrebocas es fundamental en el proceso de reactivación económica, ese Presidente dice frente a ti y el público que eso es una exageración, sonríes y no contestas.

Eres el radical entre radicales, un multichambas que trabaja en la UNAM y Canal Once, más el organismo encargado de formar las bases militantes de la 4T, y que fue impuesto en el comité para elegir a los nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral.

Cuando fracasas en tu intento de colocar a una candidata que es carnala de tu esposa –que a su vez es secretaria de Estado– y llamativamente no preparada para el cargo, haces lo que siempre: calumnias, das un manotazo en la mesa, hablas de fraudes y complots prianistas, para llamar a los diputados a echar atrás el proceso, a contrapelo de las leyes.

Normal: hablar de complós y mala fe contra tu espíritu popular-bolivariano-morenista-Evoespueblista, tu pureza revolucionaria y alternar el victimismo con la bravuconearía, eso del manualito populista, es lo que has hecho siempre.

Y de pronto, los diputados, por abrumadora mayoría, te dicen que no hay manera, lo que implica que el Presidente, que sabemos que es quien manda, te dijo también, sin decirlo, que no hay manera. ¿Qué haces? Te cuadras. Dices que te enorgulleces de haber logrado que se eligiera a tan convenientes, tan populares y democráticos consejeros. Que de nada. Que para eso estamos: para trabajar por el pueblo.

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El ensayista William Hazlitt, inglés, radical, profundo escéptico ante la condición humana, decía en los años fronterizos entre el XVIII y el XIX que el hombre es “un animal que traga sapos”, es decir, un ser naturalmente propenso a aplaudir al poder, a celebrarlo. Cuando ese hombre se mueve en lo político, diría yo, el sapo se lo traga sin sal y sin cocinarlo.

Al parecer, en la 4T, además, hay que dar las gracias.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09

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