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El científico que falló

Su actitud intransigente se ha manifestado en un ámbito que sobrepasa sus funciones como funcionario de segundo nivel

OPINIÓN

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Enfrentar una emergencia sanitaria exige técnica y responsabilidad. Los virus no saben de discursos ni de ideologías; nada les importa la vanidad o las aspiraciones de las personas. Por ello, anteponer consideraciones políticas a las de salud puede ser un camino letal para cualquier nación que combate una pandemia.

En México, el saldo del COVID-19 es de 48 mil personas muertas. A ellos hay que sumar los que no se cuentan y los que se acumularán en los meses por venir. Con esos 48 mil decesos somos el tercer país a nivel mundial con más fallecimientos. Ese oprobioso lugar no es casualidad; lo compartimos con otras naciones como EU y Brasil que tienen una cosa en común: autoridades negadas a obedecer razones y dispuestas a tomar riesgos innecesarios.

En México no es sólo responsabilidad de su Presidente, sino también de un hombre supuestamente de ciencia: Hugo López-Gatell; el empoderado epidemiólogo que tuvo la oportunidad de convencer al Presidente de tomar una postura más responsable y de contar con los recursos para combatir esta crisis. Prefirió plegarse a la “fuerza moral” del mandatario y convertirse en facilitador de su proyecto político.

No es casualidad que la credibilidad que inicialmente tuvo el científico se haya esfumado.

Las conferencias vespertinas de López-Gatell se convirtieron en ejercicios propagandísticos donde evade preguntas incómodas y ataca a los medios críticos. Es ya una costumbre que tuerza los métodos de cálculo y cambie los modelos para justificar resultados en lugar de corregirlos. Ha ocupado más tiempo en defender a sus compañeros acusados de corrupción, que a los médicos que combaten la crisis.

Por si fuera poco, su actitud intransigente se ha manifestado en un ámbito que sobrepasa sus funciones como funcionario de segundo nivel: fomentar una campaña de enfrentamiento con gobernadores. El entendimiento entre la federación y las entidades era crucial para que cualquier estrategia diera resultados en un país con la diversidad geográfica y social como el nuestro, aquí también, el científico prefirió formar parte de los conflictos políticos en lugar de ponerse encima de ellos.

En lugar de coordinación y suma de esfuerzos, las directrices federales han sembrado conflicto y encono. Aunado al uso sesgado de la información y la falta de apoyos, los gobiernos estatales denuncian ahora que se ha llegado al extremo de utilizar de manera parcial el denominado “semáforo epidemiológico”, colocando en rojo a entidades opositoras, buscando castigar su economía y golpearlos políticamente.

El caso más claro es Jalisco, que fue tramposamente colocado por Gatell en rojo, pero el gobernador Enrique Alfaro ha demostrado, con datos del gobierno federal, que su Estado está en mejores condiciones para la definición del semáforo. El científico falló: pudiendo ser factor de unidad y la voz de la razón en un gobierno muy escaso de ella, decidió jugar el juego de la política. Lo ha perdido; el rompimiento con una tercera parte de los gobernadores hace insostenible su presencia. López-Gatell se debe ir. [nota_relacionada id=1178286]

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE

DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

@GUILLERMOLERDO

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