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Centroamérica: ¿rebasada por sus problemas?

OPINIÓN

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La problemática de los países del llamado "triángulo norte" de América Central parece rebasada por la gravedad de lo que ocurre en naciones física y económicamente más grandes, o estratégicas.

Los problemas de corrupción, narcotráfico y crimen organizado –con su cauda de violaciones a derechos humanos–, economías comprometidas, migración e incluso inestabilidad, parecerían características comunes en Guatemala, Honduras, El Salvador y en alguna medida Belice.

Y no hay forma de ignorar que la situación de esos cuatro vecinos tiene impacto en México.

Cierto, si hablamos de economía no parecen significativos: el Producto Interno Bruto (PIB) de los cuatro sumó en 2019 unos 94 mil millones de dólares, o sea algo menos de 10 por ciento del tamaño del PIB mexicano, y su población total estaría en los 38 millones de personas, o sea alrededor de un tercio de la mexicana.

Pero valdría la pena recordar que esos porcentajes se parecen al desbalance entre México y Estados Unidos. Y que esos cuatro países están muy cerca de México.

Además, no es posible olvidar, ni por intereses geopolíticos, ni por razones éticas, étnicas o históricas, el vínculo y las responsabilidades de México con los cuatro países.

Y mucho menos que de acuerdo con las Naciones Unidas no sólo es por lo pronto una región seriamente afectada sanitariamente por el coronavirus COVID-19 sino que el impacto de esa pandemia tendrá un impacto mayor en temas como alimentación y economía.

Esa situación será agravada por los efectos de una crisis del medio ambiente, que se deja sentir en la sequía que ya los afecta y se teme provoque migraciones masivas, entre otros graves efectos.

Y en ese sentido, si bien muchos de los problemas de las cuatro naciones son de origen interno, la política de México los ha afectado: la crisis más reciente es la de migración, en la que el gobierno mexicano actúa como el principal obstáculo para que migrantes centroamericanos –en concreto guatemaltecos, salvadoreños y hondureños– lleguen a la frontera con Estados Unidos.

La combinación es brutal por si sola. Pero hay más.

Los problemas de violencia y narcotráfico encontraron terreno fértil en esos países, donde en los pasados 40 años hubo al menos dos guerras civiles de consideración –Guatemala y El Salvador– y se enraizaron grupos como las "Maras", o agrupaciones como los cárteles mexicanos y colombianos que encontraron aliados listos para ayudarlos en su trasiego.

La corrupción es en alguna medida el común denominador. Lo mismo en Guatemala que en Honduras y El Salvador se habla de colaboración entre funcionarios de gobierno, políticos, organismos de seguridad y delincuencia organizada. 

En Belice, la laberintina cadena de cayos e islotes en sus costas provee de pequeños edenes turísticos, pero también de innumerables escondites a narcotraficantes hacia México. En Guatemala, la presencia de los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación –y antes de "los Zetas”– alimenta con sus alianzas los empeños de grupos de transportistas.

Guatemala y Belice comparten fronteras con México.

En Honduras, las acusaciones sobre ligas con la delincuencia organizada llegan a la familia del presidente Juan Orlando Hernández y a buena parte del cuerpo político del país. [nota_relacionada id=1175602]

En El Salvador el presidente Nayib Bukele choca con los dos principales partidos políticos del país y es acusado ahora de replicar conductas de corrupción y nepotismo contra las que hizo su campaña electoral en 2019.

Y los cuatro están cerca de México.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1

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