Palabras que deben desaparecer, 2

Decía la semana pasada en este espacio que se han reproducido, en medios y redes, varias palabras y expresiones que, la neta, deberían hundirse en el olvido.

Para mi sorpresa, la lista provocó una reacción nada desdeñable, sobre todo en Twitter. Parece ser que todos tenemos nuestra nómina de palabras que deben morir, y tengo que decir algo como va, sin ganas de andar de quedabién: todas las sugerencias que se me hicieron merecen un lugar en este espacio. Así que va la segunda parte.

Comentaba en la entrega anterior que buena parte de la culpa de la epidemia palabrística es de las instituciones de gobierno, o tal vez de la ciudadanía que las adopta sin reservas. No lo hagamos. La terminología funcionarial, repito, sirve para venderte la idea de que su chamba es dificilísima de hacer.

Así, pones a dos personas con cubrebocas a medirle la temperatura a los conductores en Revolución y Mixcoac, y lo que anuncias es: “Implementamos un filtro sanitario”. Ok, hora de revelarles una verdad como una catedral: los filtros sanitarios no existen. Y repito lo que dije antes: no uses, nunca, ni la palabra “implementar” ni, sobre todo, “sanitario”. No la uses siquiera, perdón el rapto escatólogico, para los baños. O especialmente para los baños. De veras, no.

Pero con la pandemia se nos ha venido una avalancha de terminajos, muchos de ellos, hay que decirlo, convertidos en best-sellers por Hugo López-Gatell. Y no se lo perdonaremos. El último es “comorbilidad”, una palabra que suena mega mamona salvo que aparezca en un libro de medicina de 700 páginas, y que por lo demás, fuera de ese ámbito, es otra de los que debemos mandar a las catacumbas.

Pero no es solo la medicina. La jerga seudojurídica también infiltra nuestro hablar cotidiano, o lo intenta. Y aparece “coadyuvar”. Juego tuitero: conoces al hombre o la mujer de tu vida y descubres que dice eso, “coadyuvar”. ¿Qué haces? Te hago una sugerencia: huye. Huye, como huirías de aquellos que dicen (agradezco a Diana Sedano, Luis Antonio Espino y Alejandro Hope sus contribuciones) “mandatar” o “aperturar”. Sin mencionar el lenguaje progre-académico-políticamente correcto.

El de “construir una narrativa”. Que es el mismo de “empoderar” y “construir masculinidades”. O de “resiliencia”. O, peor, de “orgánico” y “sistémico”. O espérense”: “racional”, cuando no se refiere a “Compórtate de un modo más racional, güey”, sino a “¿Cuál es tu racional?”, cosa que nadie entiende.

Dije la vez pasada que el uso del lenguaje es libre, que debe serlo, y que nada que diga una persona querida por mí, nada, me hará dudar de mi cariño… salvo “webinar”. Y descubro entonces que el historiador Alejandro Rosas ya la usó. Retiro lo dicho: Alejandro, di lo que quieras. Okay, no lo que quieras. Lo que quieras, salvo “coadyuvar”. [nota_relacionada id=1173476]

POR JULIO PATÁN
@JULIOPATAN09
avv / eadp

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