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Una vacuna que salvará gobiernos

OPINIÓN

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La urgencia por obtener una vacuna que frene la pandemia del coronavirus ¡es la prioridad sanitaria mundial! Pero también puede ser el recurso que salve a varios líderes populistas, que denostan las medidas preventivas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que hoy están con el agua hasta el cogote.

Por lo pronto, la hipotética vacuna tiene muchos intereses económicos, políticos y sociales. Actualmente se trabaja sobre 150 proyectos de inmunización, pero 10 son los que marchan a paso acelerado y cobijados económicamente por las potencias.

Farmacéuticas como AstraZeneca o Pfizer se arriesgan a señalar que entre septiembre y noviembre de este año estaría lista la tan ansiada vacuna que frene al virus, que, por lo pronto, ya rebasa los 17 millones de contagios y más de 675 mil muertos.

Es verdad que lograr una vacuna este año sería un gran triunfo para la ciencia, en tiempo récord, pues el desarrollo de un antídoto de esa naturaleza generalmente se lleva entre 18 meses y hasta 10 años, pero la urgencia sanitaria lo amerita.

Partiendo de que la vacuna esté lista este año, el primer gran reto será su distribución, debido a que la capacidad de producción de un inmunizador es de 2 mil millones de dosis al año, cuando la población mundial oscila en los 7 mil 500 millones.

La distribución que plantea la OMS considera 20 por ciento de dosis para cada país, siempre y cuando pertenezca al programa de financiación COVAX Facility, mecanismo de obtención de las vacunas contra el nuevo coronavirus Sars-CoV2, en donde México sí participa.

Entre las principales firmas que trabajan sobre la vacuna existe un debate sobre su valor, el cual se estima hasta en 40 dólares para los países ricos, pero, por ejemplo, Europa ya busca acuerdos más baratos fuera del COVAX. Según AstraZeneca y la Universidad de Oxford el costo de su vacuna será de 2.5 euros (unos 65 pesos mexicanos).

No hay que pasar por alto que prácticamente todas las farmacéuticas están operando con dinero privado y del gobierno. Bajo esta fórmula, Estados Unidos, uno de los principales financiadores, ya apartó 300 millones de dosis y Reino Unido otras 90 millones.

Si usted lo piensa, en muchos sentidos es lógico que dichos países aparten grandes cantidades de dosis, porque ellos están arriesgando sus capitales, pero ¿qué va a suceder con los países más pobres? ¿cuánto tiempo tendrán que esperar?

Inevitablemente la vacuna sería la solución a una ola de problemas sociales que comienzan a rebelarse con el paso de los confinamientos, a los que ya nadie quiere regresar, pues ha provocado divorcios, violencia doméstica, un limbo en el plano educativo, no se diga en el plano sanitario y en el laboral, donde los que no perdieron su empleo, están realizando jornadas muy largas de home office

Pero si en este momento a alguien le urge políticamente la vacuna, es al Presidente estadounidense debido a que busca ser reelecto; a su homólogo brasileño, quien suma voces de repudio y una demanda ante la Corte Penal Internacional por su desatención sanitaria.

También el mandatario ruso está correteando al inmunizador, pues acaba de acomodar la Constitución para permanecer en el poder hasta 2036, aunque cada vez se suman más voces, sobre todo jóvenes, que ya no lo quieren al mando de Rusia.

El primer ministro de India también está apurado pues, aunque puso medidas extremas contra el COVID-19, también apostó por la medicina tradicional y hoy su país es uno de los más contagiados; no se diga de su par británico, quien en un principio denostó el riesgo que representaba la pandemia y sólo entendió hasta que él mismo se contagió.

Lo que tienen en común estos mandatarios populistas es que sus países hoy están liderando los contagios y decesos mundiales. Una vacuna no sólo puede frenar el problema sanitario, sino inyectar el impulso que necesitan para mantenerse en el poder. Hay algunos otros presidentes, pero usted sabe quiénes son. [nota_relacionada id=1148994]

POR ISRAEL LÓPEZ

ISRAEL.LOPEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX

eadp / amf

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