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Un balance a dos años: gobierno, ciudadanía, oposición

La libertad de expresión y la democracia peligran: el gobierno ataca cada día a periodistas y autoridades electorales

OPINIÓN

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En julio de 2018 el gobierno electo destilaba optimismo: nos hablaba sobre el futuro; sus promotores nos explicaban los grandes proyectos que vendrían; López Obrador convocaba a la unidad nacional. Millones de mexicanos sentían esperanza; incluso muchos que no votaron por él tenían la expectativa de que un cambio positivo podría venir para México.

Dos años después, el lopezobradorismo ha vuelto a la peor versión de sí mismo: resentido, a la defensiva, intolerante a la crítica y agresivo con quienes disienten. Se comporta más como oposición derrotada que como un gobierno que ganó con 30 millones de votos. Más preocupado por buscar enemigos para culpar de sus errores que en solucionarlos, es una administración de mucha bravuconada verbal y pocas acciones.

A dos años de su victoria tenemos un gobierno fuerte pero un Estado débil, empobrecido y aletargado por la austeridad: desfalcaron al sistema de salud y al fondo contra desastres naturales; eliminaron estancias infantiles y refugios para mujeres; cedieron la plaza al crimen organizado y aumentó la violencia; aniquilaron al sector de las energías limpias, llevaron la economía a la crisis y provocaron millones de nuevos desempleados; la corrupción creció y la inversión se redujo. Los únicos logros de este gobierno son heredados, como el T–MEC, que antes denunciaron como “neoliberal” y hoy presumen como el éxito del siglo.

La libertad de expresión y la democracia peligran: el gobierno ataca cada día a periodistas y autoridades electorales. Los intelectuales oficialistas se han convertido en porros; entregados a la sumisión total, pasan su tiempo en tuiter inventando golpes de Estado y acosando a padres de niños con cáncer. A nivel internacional perdimos credibilidad, menos gente quiere invertir en el país, menos turistas nos visitan, el presiente no ha salido una sola vez a defender los intereses nacionales.

Quienes más sufren estos fracasos son los más pobres: la gente que no puede pagar atención médica privada y habita en las comunidades más violentas; quienes viven al día y son más vulnerables ante la crisis y el desempleo; el pueblo que depende de servicios sociales cada vez más raquíticos, porque el gobierno decidió tirar miles de millones de pesos a la basura en una refinería inútil, un tren chatarra y un nuevo aeropuerto.

Con indicadores en la mano, podemos afirmar que es el peor inicio de gobierno de la historia reciente de México. Hay millones de mexicanos arrepentidos de su voto por el lopezobradorismo, y millones más que siempre rechazaron este proyecto confirman sus peores temores. El problema es que no saben a dónde hacerse: el gobierno defraudó y las oposiciones no los representan. El peligro es caer en una sociedad despolitizada donde la gente, hastiada de todos, no se involucre y deje vía libre a la regresión autoritaria.

Por eso es importante también exigir más a los partidos de oposición: en dos años, pese a todos los fracasos del lopezobradorismo, no hemos logrado articular alternativas sólidas. Las oposiciones deben ir más allá de su presencia mediática y de los pleitos tuiteros. Eso abona a construir opiniones críticas, sí, pero no se convierte en automático en alternativa. Hay que regresar a las grandes narrativas que revivan la esperanza entre la gente, hay que impulsar perfiles frescos que motiven al electorado, hay que recorrer las calles y hay que construir alianzas en lo esencial para no estorbarnos. A menos de un año de las elecciones de 2021, este es el deber ético de los partidos de oposición: movilizar al electorado mexicano en esta, la hora más crítica de nuestra democracia.

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POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE 

DIPUTADO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO 

@GUILLERMOLERDO

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