El INE y sus presuntos defensores

Un sector empeñado en reivindicar como patrimonio propio el discurso de la transición a la democracia (y mantener las prebendas que de este se derivan) ha desplegado una narrativa alarmista según la cual este gobierno estaría buscando atentar contra la autonomía del INE y hasta destruirlo.

Los argumentos de ese sector –que identifiqué entre algunos miembros del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD), de donde han surgido varios cuadros del IFE/INE-- son por demás débiles y están mediados por sus propios intereses en juego.

Basta con leer la carta que hizo llegar a este diario Ricardo Becerra (shorturl.at/vyGJS), presidente del IETD, con motivo del artículo que escribí el martes pasado (shorturl.at/gxTY0) para comprobar lo endebles, alarmistas y tramposos que son esos argumentos.

De entrada, no está de más recordar que el presidente de la República no ha presentado ninguna iniciativa que pueda afectar la naturaleza del INE o su composición. Tampoco ha apoyado las presentadas por diputados de Morena, pues de ser así ya hubieran sido aprobadas. Hoy es tarde para hacerlo porque el periodo electoral comienza en la primera semana de septiembre.

Incluso en el actual proceso para elegir cuatro nuevos consejeros es poco probable que peligre la autonomía del instituto. En el supuesto de que Morena pretendiese imponer a los cuatro, no alcanzaría la mayoría calificada en el Congreso. Aun así, tampoco alcanzaría una mayoría de consejeros.

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Sostiene Becerra que “los recortes al presupuesto (sin precedente alguno) o el intento de apropiarse del padrón electoral, son otros tantos hechos que demuestran la aversión gubernamental contra el organismo autónomo”.

En realidad, para 2019 el INE solicitó a la Cámara de Diputados un presupuesto de más de 11 mil millones 347 pesos y solo se redujeron 950 millones de pesos, equivalente al 8.3%. Este año, la reducción fue del 8.5%.

Salvo que a algunos funcionarios del instituto quieran ganar más --o estén preocupados por comprarse en poco tiempo un buen depto, como hasta hace poco podían hacerlo-- lo cierto es que los recortes no han afectado las operaciones sustantivas ni la estabilidad institucional. Reducciones similares o mayores han afectado a otros organismos y dependencias del sector público.

El “intento de apropiarse del padrón electoral”, por su parte, es un señalamiento “conspiranóico”, sino es que una deliberada manipulación. Lo único que hubo fue una solicitud al INE para que proporcionara algunos datos del Padrón Electoral para completar el Registro Nacional de Población y contar con un documento nacional de identidad similar al de otras naciones. Algo que el propio gobierno finalmente echó para atrás para evitar suspicacias.

El problema, en todo caso, es que se está cuestionando y visibilizando lo que ha venido sucediendo dentro del INE. Sin ir más lejos, hay que ver a dónde ha ido a parar su presupuesto, desde los privilegios hasta la corrupción. Para muestra de lo último están los sobre costos pagados por el INE a Talleres Gráficos de México (TGM) en 2017 y 2018 para adquirir material electoral.

Como se puede ver en el Informe Anual de Gestión 2019 del Órgano Interno de Control del INE, TGM subcontrató el 100% y 93.93%, respectivamente, a otras empresas. Mientras el INE pagó a TGM 44.4 y 164.8 millones, este último pagó a empresas subcontratadas 17.7 y 44.6 millones de pesos, respectivamente. [nota_relacionada id=1128944]

Por último, Becerra asegura que “el Instituto de Estudios para la Transición Democrática no es un grupo de interés… que ha capturado al INE”. Puedo concederle que el uso de la palabra captura haya sido exagerado. Lo que no puede negar el propio Becerra –él mismo ex funcionario del IFE-- es que el IETD ha tenido una influencia decisiva.

No solo son integrantes del IETD consejeros como Ciro Murayama y Lorenzo Córdova. También lo son Edmundo Jacobo, secretario Ejecutivo desde 2008, y varios asesores y funcionarios medios como Fernando Arruti, Jesús Galindo, Jorge Hernández, Ezequiel González y otros más.

No hay nada indebido en que una organización tenga una influencia importante en una institución pública. Al esconderlo, sin embargo, pareciera que, en efecto, algunos de sus integrantes actúan como si fueran un grupo de interés. Algo que en buena medida explica su agenda y la naturaleza de sus críticas.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
@hernangomezb
lctl


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