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Trump y elecciones: una propuesta divisiva

Pero aún esa desventaja refleja la división entre los estadounidenses: la mayor parte de los partidarios de Trump, que según las encuestas son 40 por ciento de los votantes, creen en él

OPINIÓN

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¿Qué pasaría si el presidente Donald Trump y sus seguidores deciden desconocer los resultados de la elección del 3 de noviembre?

Es un planteamiento que tiene como principal fundamento político la idea de un Trump en busca de poner distancia entre el momento de la votación y las crisis paralelas que hoy enfrenta este país, en medio de una polarización creciente y una negativa opinión de los electores.

La sugerencia hecha el jueves por el mandatario va en ese sentido y no causó sorpresa excepto por el momento en que la adelantó.

La respuesta del cuerpo político estadounidense, republicanos incluidos, fue negativa de entrada. Pero si bien fue la primera vez que Trump "flotó" abiertamente, la idea de posponer los comicios, ya en abril pasado calificó como "invenciones de propaganda" las acusaciones en ese sentido por el virtual candidato presidencial demócrata Joe Biden.

"Nunca pensé en cambiar la fecha de las elecciones. ¿Por qué haría eso? 3 de noviembre. Es un buen número. No; espero con ansias esas elecciones", dijo Trump entonces.

En realidad, tiene razones obvias para tratar de postergar unas elecciones, que de entrada, aparecen como pérdidas para él y su partido: una desventaja de 15 puntos en las encuestas y anuncios de una marejada demócrata desastrosa para los republicanos.

Pero aún esa desventaja refleja la división entre los estadounidenses: la mayor parte de los partidarios de Trump, que según las encuestas son 40 por ciento de los votantes, creen en él y sus ideas a pies juntillas y la mayor parte de sus opositores, algo así como 54 por ciento, lo rechazan a ciegas.

Las consecuencias potenciales son enormes. Los cuestionamientos de Trump podrían agudizar la ya existente división en un país donde todavía hay memorias de la Guerra Civil de 1861-65 y en donde hay notables diferencias sociales, económicas y étnicas regionales.

Peor aún, es una nación sacudida ahora por descontentos socioeconómicos y raciales, acentuados por intervenciones policiacas y un debate profundo en una sociedad literalmente armada hasta los dientes.

De hecho, hay varios libros y estudios en torno a la posibilidad de una fractura del país en al menos siete naciones distintas, con consecuencias implícitas para México y Canadá.

Al menos tres de esas regiones: el sur, el centro y parte del noreste son consideradas como regiones afines a los republicanos en general o a Trump en especial.

El suroeste y el noreste, afines a los demócratas, incluyen a su vez a California y Nueva York, dos de los estados más poblados del país.

Las implicaciones son enormes y propician temores de todo tipo, desde una crisis político-constitucional que plantearía el que Trump y sus seguidores desconozcan los resultados de la elección y el país se vea empantanado en demandas y juicios políticos, en el mejor de los casos, hasta las posibilidades de confrontaciones armadas, en el peor. Demócratas y republicanos deberán manejarse con pies de plomo. [nota_relacionada id=1169739]

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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