Vivir en el cumplimiento del deber

Has dado a las víctimas la seguridad de que morirías en el cumplimiento de tu deber con ellas y ellos

Te escribo estas líneas, Omar, en el mismo día en que reapareces en público a 32 días de que 28 sicarios que dispararon más de 400 balas quisieron acabar contigo, sin éxito, pero que desgraciadamente mataron a tus amigos Pipo y Rafa, quienes siempre fueron para ti más que un “chofer” o “escolta”.

El homicidio de ambos, y tu asombrosa recuperación, me ha hecho preguntarme en los últimos días qué significa realmente esa frase que algunos han repetido desde el 26 de junio: “morir en el cumplimiento del deber”.

Te cuento esto porque quiero compartirte una historia, aunque seguro ya la conoces bien: Karla Jacinto, una dulce, pero aguerrida joven que está iniciando como activista contra la trata de personas, fue obligada a prostituirse desde los 12 años. Durante más de mil 200 días vivió escondida en hoteles del centro del país, donde sus captores la vendieron a hombres que encontraban placer en sus gestos de dolor y asco.

Karla Jacinto pasó su pubertad orando por un operativo de la policía que la rescatara. Y llegó, pero no como ella lo deseaba: un día de 2014, un grupo de policías federales irrumpió en un hotel del centro de Puebla donde ella estaba esclavizada. Entraron gritando que liberarían a todas las mujeres y Karla Jacinto se llenó de esperanza tan rápido como se le apachurró el corazón, pues los uniformados iban solo por algunas víctimas ?las más grandes, las que menos dinero conseguían para los padrotes? y dejaron a las niñas a merced de sus victimarios.

Peor aún: esos policías que debían salvarla, entraron a su habitación y la fotografiaron desnuda, mientras la violaban tumultuariamente. Estoy segura de que recuerdas la historia, Omar. Tenías el rostro desencajado de rabia cuando te conté lo que hicieron esos cobardes que alguna vez formaron parte de la institución donde te formaste.

Estoy segura que, de haber estado ahí, les hubieras enfrentado. Lo sé porque así lo hiciste en cada responsabilidad que has tenido y que te ha llevado a dirigir, a tus 38 años, a la policía local más grande del país: has dado a las víctimas la seguridad de que morirías en el cumplimiento de tu deber con ellas y ellos.

También lo sé porque en mi andar contra las mafias de tratantes he aprendido a reconocer a los policías corruptos, a los simuladores y a los que dejan todo por las víctimas, como hizo el excomisionado general de la Policía Federal, Manelich Castilla y decenas de jefes de corporaciones en los estados, quienes se debaten entre ser mártires o héroes en un país que le debe mucha gratitud a sus mejores uniformados.

[nota_relacionada id= 1167149]

En tu día de vuelta a la oficina, te escribo estas líneas para agradecerte por no elegir la vida cómoda que pudiste tener y optar por esta difícil, pero gratificante, vocación de servicio, junto a los miles de policías honorables de este país que defienden a las víctimas.

Gracias, policía Omar García Harfuch, por vivir en el cumplimiento del deber.

POR ROSI OROZCO
* PRESIDENTA DE UNIDOS VS. TRATA
@ROSIOROZCO

lctl


Compartir