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Un año en suspensión animada

OPINIÓN

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2020, el año terrible.

Suena como título de una de esas películas de desastre que no parecen pasar de moda y que suelen incluir accidentes nucleares, terremotos, meteoritos o plagas. Pero la realidad es que para el mundo en general y los Estados Unidos en particular, ha sido eso, un año brutal.

Es el año de los eventos pospuestos, de los sueños postergados, de las economías detenidas, de los cambios en suspenso.

El eje de los problemas es el coronavirus COVID-19, detectado por primera vez en Wuhan (China) en diciembre del año pasado. Pero si su aparición y su continua presencia y desarrollo han tenido un impacto tan grande y tan violento que han detenido la vida en gran parte del mundo, han llevado a un reexamen quién sabe si permanente de la forma de actuar de gobiernos, sociedades e individuos.

Y si las personas arriesgan incluso la vida con su comportamiento, las sociedades apuestan a su supervivencia y los gobiernos se juegan su permanencia a corto plazo y su lugar en la historia en el largo término.

De entrada, la situación ha obligado a un profundo cambio en las formas de proceder y de interactuar social, individual y económicamente. 

Tanto, que llevó a la cancelación de eventos deportivos de masa, a lo largo y ancho del mundo, a comenzar por los Juegos Olímpicos que debían realizarse del viernes 23 de julio al domingo y 8 de agosto en Tokio

Y junto con ellos, fueron postergados o suspendidos eventos políticos, elecciones, millares de torneos deportivos, eventos culturales, conciertos nacionales y regionales.

Fue como si la vida entrara en suspensión animada.

En términos reales y a pesar del relativo alivio en algunos países, es el año completo el que se encuentra en una especie de limbo, excepto la economía, que sufrió un retroceso general y tuvo un efecto en cascada sobre industrias y vidas, sobre sueños y procesos, y hasta en la prevalencia de ambiciones y pesadillas.

Muchos esperamos con ansia, pero también con inquietud y aun temor el momento en que la pandemia sea superada y su impacto se deje sentir con toda su fuerza sobre economías y sociedades devastadas.

Porque no se trata sólo de que haya una cura, en cualquier forma que sea, y que sea puesta a disposición de los habitantes del planeta.

Hay muchas preguntas sin respuesta.

¿Cuáles y cuántos empleos van a restablecerse o podrán serlo?, ¿cuáles y cuántas industrias podrán recuperarse o lograrán hacerlo?, ¿cuáles y cuántos países ascenderán o bajarán después de este interregno?, ¿cómo cambiará el juego de políticas nacionales y el de la geopolítica internacional? Y ¿cuál será su impacto sobre vidas y personas?

Las preguntas son pertinentes para cualquier país, especialmente aquellos que parecen ver en la pandemia un momento de choque y no uno de colaboración, una forma de justificar y esconder errores o adelantar políticas que lo hagan. 

Por ahora, sin embargo, son sólo cuestionamientos que abren más interrogantes.  [nota_relacionada id=1168808]

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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