Haz tu denuncia aquí

Sin corrupción

El sistema que permitía realizar negocios al amparo del poder público continúa

OPINIÓN

·

El fenómeno de la corrupción se presenta en nuestro país como una práctica ligada al control político absoluto por parte de los mandatarios durante el periodo del priismo hegemónico.

Por supuesto que éste existió anteriormente, pero la institucionalización del mismo se basa en la legitimidad que dio el discurso revolucionario: “me hizo justicia la revolución” como lema de aquel beneficiado por tener el privilegio de estar cerca del poder público, lo que le permite obtener una renta obtenida ilícitamente.

Extraer recursos a los ciudadanos, más allá de lo permitido por la ley a través de los impuestos, se volvió una práctica cotidiana en el México de la revolución institucionalizada.

La aspiración de democracia mexicana era, entre otras cosas, la de cortar de tajo la estructura de corrupción proveniente de la propia Presidencia de la República, y construir los organismos de transparencia y rendición de cuentas que hicieran realidad esa demanda histórica.

El poder de los gobernadores y del propio Congreso, que redujo el del primer mandatario, complicó enormemente la posibilidad de controlar la corrupción desde cada una de la entidades federativas del país.

El intento del presidente Andrés Manuel López Obrador de culpar a los “gobiernos neoliberales” de la corrupción existente, desconoce la realidad histórica del México del priismo hegemónico y la reduce al periodo 1982-2018.

Su propuesta busca regresar al presidencialismo absoluto ahora supuestamente en manos de un hombre honesto cuya conducta permea toda la administración pública y anula los abusos del poder, haciendo inútil la existencia de organismos supervisores como el INAI, el IFT, o el propio INE en el manejo y organización de elecciones.

La detención de Lozoya y sus filtraciones sirven hoy para eso.

El exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) informa sobre sobornos a diputados y senadores que estaban de acuerdo con las reformas planteadas por Enrique Peña Nieto, pero que además tenían que ser “aceitados” para votar a favor de ellas.

Un presunto delincuente es aislado y cuidado no para ser llevado ante un juez y responder por su responsabilidad en hechos de corrupción, sino para defenderse como cualquier criminal de guerra, con el argumento de que él “únicamente recibía órdenes” y se enriquecía junto con los demás.

Así no se combate la corrupción, así se hacen campañas electorales, o se decretan culpables por órdenes superiores al estilo de cualquier régimen totalitario. [nota_relacionada id= 1169179]

Pero el sistema que permitía y aún permite la realización de grandes negocios al amparo del poder público sigue funcionando como antaño.

Cambiaron los beneficiarios, pero no la forma de saquear al erario y a los ciudadanos.

Regresar al viejo régimen nos va a costar muy caro en todos los sentidos.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

lctl