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¿Hacia una década perdida?

OPINIÓN

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El desempleo es la otra pandemia que azota al mundo. La pérdida masiva de empleos no es una circunstancia exclusiva de México, pero para desgracia de nuestro país nos ha tocado vivir esta situación con un gobierno que se especializa en destruir las fuentes de trabajo.

Desde antes de la pandemia, las cifras en materia de empleo eran sustancialmente menores en comparación con periodos anteriores. Cerramos 2019 –el primer año de esta administración– con la generación de empleos más baja en una década; es decir, que desde la etapa posterior a la crisis global de 2008-2009 no habíamos tenido un desempeño tan negativo.

Sin pandemia, la creación de fuentes de trabajo en México venía en picada. Arrancamos 2020 con una economía que se estancaba, al borde de la recesión, y con un gobierno incapaz de revertir la incertidumbre y las condiciones adversas provocadas por sus decisiones.

Con la pandemia a cuestas, la pérdida de empleos ha alcanzado niveles históricos desde se tiene registro. Cerramos el primer semestre de 2020 con prácticamente un millón de empleos formales perdidos, lo cual, difícilmente será remontable a partir de las perspectivas de recuperación a partir de la reapertura.

Pero la profundidad de la crisis es todavía mayor si analizamos sus implicaciones directas en los hogares del país. De acuerdo con el INEGI, en una reciente encuesta sobre el impacto del Covid-19 en el mercado laboral, el 30% de las familias tiene un integrante que perdió su trabajo a consecuencia de la pandemia.

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Asimismo, prácticamente dos terceras partes de los hogares entrevistados vieron disminuidos sus ingresos, y de ellos, un 37% tuvo que vender algún bien, pedir dinero prestado o recurrir a sus ahorros para afrontar la contingencia sanitaria.

¿Era inevitable una caía económica de esta magnitud? Para responder esta pregunta vale la pena también echar mano de los recientes datos de INEGI: si bien el 93% de las empresas sufrieron afectaciones durante la pandemia, únicamente el 7.8% de las mismas tuvo algún apoyo para sortear la crisis.

Tenemos un gobierno que decidió darle la espalda a quienes generan empleo en el país cuando más se requería, para sostener proyectos como el tren maya o la refinería.De ahí que las proyecciones sobre la caída del PIB indican que puede ser mayor a la de 1995 (la crisis del efecto tequila) y la de 2009 (la Gran Depresión), llegando a romper la barrera de los dos dígitos.

Si bien era inevitable que el confinamiento afectara nuestra economía, no era imposible impedir que llegara a la magnitud y severidad que hoy estamos viendo. Probablemente, y dependiendo del ritmo de crecimiento que se alcance en los años venideros, nos tomará una década revertir la estrepitosa caída que la pandemia ha provocado en nuestra economía. [nota_relacionada id= 1165823]

Era mucho más fácil actuar a tiempo y proteger a las pequeñas y medianas empresas, para evitar que el desempleo masivo también se convirtiese en una pandemia. Pero pudo más la necedad, el dogma y la intransigencia, que el interés por salvar el sustento y las fuentes de trabajo de millones de familias.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA
DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
(@GUILLERMOLERDO)

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