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Antes de nacer la mujer no merece ser violentada

Un proyecto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación abre nuevamente la controversia sobre el aborto

OPINIÓN

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Cuando los índices de contagio del COVID-19 se encuentran en sus momentos más altos, cuando el número de muertos a causa de la pandemia o por la acción del crimen organizado rebasan todos los records precedentes, el debate sobre el aborto regresa al escenario en México.

En efecto, el ministro de la Suprema Corte Juan Luis González Alcántara Carrancá ha puesto sobre la mesa de discusión un proyecto para la derogación de tres artículos del Código Penal de Veracruz. Si eventualmente el ministro lograra triunfar en su proyecto, la vigencia del derecho a la vida del no-nacido en esta entidad, y eventualmente en otras, ingresaría a un escenario de riesgo, ya que el aborto sería destipificado como delito y sería entendido dentro de las libertades con las que la mujer debe contar para no ser violentada o discriminada.

El ministro es falaz en sus argumentos: cree que el feto humano prevalece sobre los derechos de la mujer ignorando que el feto y la mujer son sujetos de derecho que no pueden ser discriminados. Asimismo, el ministro cree que en el delito del aborto el sujeto activo es sólo la mujer embarazada y no las personas que cooperan en su ejecución.

En el fondo, el ministro ignora una evidencia biológica que posee consecuencias jurídicas precisas: a partir de la fecundación se constituye un organismo de especie humana, no un órgano. Un todo y no una parte. El hecho de que el ser humano en su vida intrauterina sea dependiente nutricionalmente de la madre para su desarrollo, no significa que el cigoto, el embrión y el feto no posean autarquía sistémica y autopoiética reales. El ser humano desde la fecundación posee genoma propio, sistema inmunológico propio, procesos metabólicos propios, direccionamiento teleonómico propio, independientes todos ellos de los que posee su madre. Por ello, la protección del cuerpo de la mujer adulta como un individuo de especie humana que no debe ser violentado o discriminado, debe correr a la par con la protección del nuevo ser humano no-nacido, que eventualmente, puede ser también mujer.

Esperemos que la Corte detecte las deficiencias jurídicas del proyecto y lo declare improcedente. Olga Sánchez Cordero seguramente mira con simpatía las ideas del ministro González Alcántara Carrancá, ya que ha externado su beneplácito a favor del no reconocimiento del derecho a la vida desde la fecundación. Sabemos que es difícil que reflexione sobre datos empíricos procedentes de la biología molecular y de la embriología experimental. Los compromisos ideológicos muchas veces son más fuertes que la biología del desarrollo humano. Sin embargo, la historia nos alecciona: cada vez que un factor de poder pasa por encima de la ciencia, cada vez que la dignidad de la persona es aplastada, la realidad más pronto que tarde se cobra la factura.

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POR RODRIGO GUERRA LÓPEZ
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)
RODRIGO.GUERRA@CISAV.ORG

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