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La corrupción no es el problema

Es una lucha que no sólo no ha resuelto gran cosa, sino que acompaña a un desastre de proporciones únicas

OPINIÓN

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Decía alguien el otro día —siento no dar el crédito, pero no encuentro el tuit— que si pueden explicarnos cómo antes, cuando sí había corrupción, alcanzaba más o menos para todo, y ahora, que somos impecablemente honestos, no hay lana para nada.

La ironía es digna de aplauso porque ese tuit, solito, retrata todo un modo de gobernar. Retrata el uso propagandístico de los números: no hay, no hubo y no habrá 500 mil millones de pesos ahorrados por concepto de lucha contra la corrupción.

Retrata el doble rasero de esta administración: nadie, nunca, alcanzará los estándares de tranza del sexenio de Enrique Peña Nieto, pero los casos aparentes, hoy, se multiplican.

Y retrata, sobre todo, el error esencial, el error devastador que es el fundamento mismo de la 4T.

Porque parece que luchar contra la corrupción, en caso de que realmente haya una lucha contra la corrupción, no sólo no ha resuelto gran cosa, sino que acompaña a un desastre de proporciones únicas.

Por supuesto que la corrupción es un problema gravísimo. Pero cuando gobernaban los que el Presidente llama así, los corruptos, la inversión nacional y extranjera no se escapaba de esta manera, ni cerca. Vean los números.

Tampoco había una pérdida de empleos como la que vimos desde antes de la pandemia. Ni las calificadoras nos trataban como al tío que se dedica a dar sablazos para sobrevivir. Ni Pemex estaba reducido a bono basura, y con Pemex, cualquier día, el país completo.

Y es que seguramente el problema central no es la corrupción, sino la fobia del morenismo hacia los esfuerzos personales por ganarse la vida, la anatema que lanza esta administración contra cualquier negocio al margen del gobierno, salvo los que te condenan a la pobreza, como el trapiche o la fritanga, y poco más.

Esta semana nos dejó dos ejemplos de lo más elocuentes. Uno es la iniciativa, abortada por fortuna, sobre las rentas de casas, una manera de decirte que alquilar tu departamento es igual, en esencia, que regalárselo a un desconocido. La otra es la embestida contra Airbnb, que puede ser lo que sea, pero le permite a muchas personas tener ingresos decorosos, o sea, cierta autonomía.

Es el mismo principio por el que se clausuró Texcoco, se hizo la consulta patito contra la cervecera, se arremete contra las energías renovables.

No pueden con eso, con buscar la prosperidad. Nos quieren en la fila de la beneficencia. Agradecidos y dependientes. [nota_relacionada id= 1153557]

O a lo mejor me equivoco y el problema sí es la corrupción. A lo mejor, tirar nuestro dinero de semejante manera es eso, una forma de corrupción, un uso corrupto del poder, como lo es aceptar un cargo para el que no estás preparado.

A lo mejor es nada más que la corrupción no la buscan donde deben, y que ésta, ya, nos está saliendo carísima. Como nunca.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09

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