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Preguntas, sólo preguntas

OPINIÓN

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Muchas preguntas. Pocas respuestas. Más interrogantes en el aire que certezas. El caso de Emilio Lozoya está repleto de medias verdades. Es un rompecabezas que se comienza apenas a armar. Y se arma entre dudas, sospechas, visos de manipulación e intentonas de montajes.

¿Dónde está Emilio Lozoya? ¿En el hospital Ángeles del Pedregal? ¿Está enfermo? ¿Venía enfermó? ¿Enfermó llegando? Autoridades penitenciarias de España, desde donde fue extraditado, dicen que no, que no hay constancia ni antecedente de un mal estado de salud del exdirector de Pemex que estuvo cuatro meses detenido allá.

¿Es parte, entonces, del acuerdo con la FGR que no pise la cárcel? ¿Cuándo será presentado ante los juzgados que lo reclaman? ¿Ingresó o no al Reclusorio Norte el viernes pasado? El presidente López Obrador dijo que sí. Eso, aseguró, le informó Santiago Nieto. ¿Le mintieron al Presidente? ¿Le mintieron al titular de la UIF? El secretario de Seguridad Alfonso Durazo estaba aún más perdido. El viernes por la mañana no sabía dónde estaba Lozoya, mucho menos si había o no sido ingresado a un penal en algún momento. El encargado de las cárceles del país no atinaba a explicar el paradero del recién extraditado.

¿Se ocultó información desde la FGR? No solamente a los medios y ciudadanos, ¿al propio gobierno? ¿Se manipuló la información? ¿La Fiscalía simuló el traslado de Lozoya? ¿Por qué? ¿Si no era él quien viajaba en el convoy que salió el viernes al filo de las cuatro de la mañana del hangar de la Fiscalía en el Aeropuerto de la CDMX al Reclusorio Norte, quién iba ahí? ¿Un señuelo? Porque no hay ingresos registrados ese día por la madrugada en ese penal.

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Si el mar de preguntas se acumula sobre la llegada, sobre el fondo hay aún más. Lo que huele a montaje, parece puesta en escena, luce como show mediático o estrategia distractora, no inicia bien.

¿A qué viene Lozoya? ¿A quién viene a salpicar? ¿A cambio de qué aceptó su extradición? ¿Negoció impunidad para él? ¿Para su esposa, madre y hermana acusadas? ¿El caso se agota en el exdirector de Pemex o ahí comienza? ¿Hasta dónde escala? ¿Llegará hasta “arriba, arriba”, como ha dicho el Presidente? ¿Videgaray es el límite o quizá “arriba” de él? ¿Rendirá cuentas por Odebrecht y el caso de presunta corrupción con Altos Hornos de México, o la narrativa irá por la vertiente de la reforma energética? ¿Veremos los videos que trae bajo el brazo? ¿Quiénes aparecerán en ellos? ¿Viviremos un litigio jurídico o uno mediático?

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Hasta ahora, son más las preguntas. Las respuestas deberán aparecer y tendrían que estar a la vista de todos. La investigación tiene que ser transparente, no en lo oscurito. El artículo 20 de la Constitución es clarísimo: realizar las audiencias a puerta cerrada viola el principio de transparencia y máxima publicidad. Los juicios por actos de corrupción deben ser públicos siempre. ¿Lo será éste? Estamos por descubrirlo.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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