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Día redondo para AMLO

El desastre y la humillación que algunos vaticinaban, que algunos deseaban, no llegó a Washington D.C.

OPINIÓN

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El desastre y la humillación que algunos vaticinaban, que algunos deseaban, no llegó. El miércoles le fue bien al presidente López Obrador en Washington. Tuvo un día redondo. En un contexto adverso y lleno de riesgos, inmejorable. Bien en la forma, bien en el fondo. Bien en el discurso, bien en el trato de allá para acá y de acá para allá. No hubo insultos, no hubo maltrato. Al contrario. Hubo cordialidad, cortesía y un poco más: llovieron halagos entre presidentes. No alcanzan los dedos de las manos para enlistar las sonrisas y aplausos.

El trato, recíproco, fue cálido. Los discursos, tanto de López Obrador, como de Donald Trump, estuvieron lejos de la estridencia y cerca de una amistosa relación entre ambos países. “Amigos”, se dijeron uno al otro. Pero los críticos no lo verán. Para algunos, el desastre está, aunque no haya sucedido; la humillación se dio, aunque lo que sobró fueron elogios mutuos.

Los mismos que criticaban al Presidente por no viajar al extranjero son los que se rasgaron las vestiduras porque se reunió con Trump. Los mismos que se quejaron amargamente porque el Presidente fue a “hacerle el juego” para su reelección, ahora dicen que a nadie en EU le importó la visita. En fin. Es parte de la polarización que parece la normalidad en la vida pública mexicana.

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La gira tenía riesgos y peligros que fueron sorteados. El “muro”, la principal amenaza, no apareció jamás. Contra los pronósticos de algunos —como dijeron los propios presidentes—, no se pelearon, no chocaron. Y eso para México y los mexicanos, es buena noticia. Sobre todo, porque nos encontramos en una profunda crisis económica y sin inversiones e intercambio comercial no saldremos de ella. Por eso la invitación del Presidente de nuestro principal socio comercial no aceptaba un no. Había que ir.

Pero el éxito, porque lo fue, no se dio por arte de magia. La construcción de la agenda fue impecable. Acotar a pronunciamientos y mensajes conjuntos, un acierto, para cerrar el paso a la improvisación del siempre impredecible Trump. Esa operación es mérito, otra vez, del canciller Marcelo Ebrard, que junto al equipo diplomático mexicano —marcadamente el director para América del Norte, Roberto Velasco, y la embajadora en EU, Martha Bárcena—, revisaron cada detalle, sopesaron cada riesgo y construyeron una ruta para que la gira tuviera final feliz. Encontraron, en ese tejido fino, en el embajador Christopher Landau, un gran aliado.

El acierto de invitar a 11 de los principales empresarios del país y sentarlos a la mesa con 11 estadunidenses, abonó a enviar la necesaria señal de confianza y certidumbre desde la Casa Blanca a inversionistas para acelerar la recuperación económica de México. La decisión se acompañó de la reaparición de quien luce ahora resucitado: Alfonso Romo, jefe de la Oficina del Presidente. A López Obrador le fue bien. Salió ileso de la Casa Blanca, y hasta fortalecido. Con el impredecible Trump en la presidencia, el triunfo no es menor. Aunque algunos no quieran verlo.

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POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN 

M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM 

@MLOPEZSANMARTIN

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