Gobernabilidad democrática

A dos años del triunfo de López Obrador es importante recordar que su victoria electoral generó, en principio, nuevas expectativas de un mejor ejercicio de gobierno, forjador de consensos sociales y de unidad nacional como elemento central para la toma de decisiones y para la implementación de políticas públicas.

Más de la mitad de la votación recibida, fueron votos de hartazgo y rechazo a los graves fenómenos de corrupción, impunidad e inseguridad que se generaron el presente siglo en los 18 años de gobiernos del PAN y del PRI. La mayoría votó por la esperanza de una mejor gobernabilidad; no votó para trastocar el orden constitucional y nuestra forma de gobierno democrática y republicana, ni mucho menos para restaurar el viejo sistema de presidencialismo autoritario.

24 meses después de su elección, tal parece que el presidente López Obrador se enredó en su propio laberinto de ideas anacrónicas sobre el cambio revolucionario de la sociedad, y se pierde en una visión limitada sobre el futuro que anhelamos quienes integramos la colectividad plural, heterogénea y compleja de la Nación. En su miopía, la llamada 4T confundió el proceso electoral de 2018 con una patente de corso para hacer del País lo que a su antojo político se le ocurra.

Hoy resulta evidente que los primeros 18 meses de ejercicio han derivado en una gran decepción para importantes segmentos de la sociedad, por el afán presidencial de confrontar, de dividir a la nación, y por su incapacidad manifiesta para combatir la corrupción, la inseguridad y atender las crisis sanitaria y económica; elementos que pueden derivar en un peligroso estado de ingobernabilidad que rompa la estabilidad social y nos conduzca a peligrosos escenarios de insurrección violenta, confrontación social y represión autoritaria, justificada en la defensa de una cuarta transformación sin rumbo ni objetivos claros.

En las últimas cuatro décadas, México transitó por un sinuoso camino de transición democrática, que nos llevó a construir un entramado institucional para garantizar elecciones libres sobre los principios de legalidad, imparcialidad y certeza como piedra angular para garantizar el ejercicio de un gobierno legítimo, estable y eficaz; pero la pluralidad política que generó la transición nos planteó nuevos retos para alcanzar una mejor gobernabilidad.

Por eso, todavía a principios de 2018 se debatía sobre la pertinencia de adoptar la figura del gobierno de coalición para resolver los nuevos problemas de gobernabilidad que generó la pluralidad política, con base en la construcción de consensos, equilibrios y contrapesos políticos.

Pero aún estamos a tiempo de que el presidente corrija su actitud y asuma el mandato que le entregó la sociedad de gobernar para todos, sin rencores ni amarguras políticas, y evite el caos de la ingobernabilidad.

Estamos a tiempo de que la sociedad organizada y las fuerzas políticas con verdadera vocación republicana eviten la confrontación y corrijan el rumbo del gobierno en las elecciones de 2021, a fuerza de votos, para construir una efectiva gobernabilidad democrática. [nota_relacionada id=1118287]

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES 

COLABORADOR

@JOSEEALFARO

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