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Gobernar con la historia

OPINIÓN

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La historia nunca fue una actividad exclusiva de los historiadores que investigan el pasado en los archivos y bibliotecas. Hechos históricos se han usado para generar las narrativas que forjan las naciones y construyen identidades comunes. Ahora bien, hoy parece que el uso de la historia va más allá de eso y recurrir al pasado se ha convertido en una herramienta predilecta de algunos políticos para gobernar.

En México escuchamos a diario sobre los liberales y los conservadores, como si estuviéramos en pleno Siglo XIX. Algunos lo minimizan, otros lo explican por el interés que tiene el presidente por la historia, pero lo que estamos presenciando es un intento de transformar la narrativa histórica. Asociando el término del conservador al neoliberalismo y el término liberal al gobierno actual, se está generando una nueva segmentación del pasado que se sobrepone a las interpretaciones comúnmente aceptadas de la historia mexicana del Siglo XX. En esta nueva narrativa ya no importan las siete décadas de los gobiernos autoritarios del PRI; el camino a la democracia, con el movimiento del 68 como punto de inflexión; o la llegada del primer presidente no priísta. El parteaguas es el neoliberalismo que se instaló durante 36 años y finalizó con el gobierno actual.

La política histórica o la política de la memoria así llamamos al fortalecimiento del discurso público sobre el pasado, permitió a los alemanes a liberarse de la culpa por su herencia nazi; a los países postcomunistas a descubrir los momentos dolorosos de su relación con la Unión Soviética; a los sudafricanos y a los chilenos a buscar la verdad sobre Pinochet y el Apartheid, respectivamente, etc. En tiempos de populismo, la política histórica juega un papel menos noble, ya que ayuda a dividir y cuestionar el orden existente. Por ejemplo, al actual gobierno polaco de derecha está en campaña contra la memoria sobre el movimiento Solidaridad y los acuerdos de la mesa redonda que llevaron a la caída del comunismo. En Hungría se conmemoró recientemente el centenario de los acuerdos de Trianon por los que este país perdió gran parte de su territorio y población. En Rusia, a través de las redes se intenta difuminar los momentos obscuros de cooperación con Hitler al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

¿Para qué sirve la nueva política histórica en México? En principio, para dividir a la sociedad entre quienes apoyan y quienes están contra del gobierno. No obstante, aún no sabemos hacia dónde se dirige este discurso que ya forma parte del lenguaje de las instituciones públicas e inunda los medios de comunicación y los debates. El presidente nos revela una imagen de México donde los gobiernos del PRI, al menos antes de la llegada del neoliberalismo, eran buenos para el país, y la lucha por la democracia no sirvió de mucho porque el neoliberalismo lo borró todo. Al parecer un novedoso estilo de hacer política se ha inaugurado en México. Y todos los actores relevantes parecen estar participando de él.

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POR BEATA WOJNA
PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES
TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@BEATAWOJNA

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