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Desde el Sur. Peras al Olmo

OPINIÓN

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Hay notorias diferencias entre la muerte de George Floyd a manos de la Policía de Minnesota, y el asesinato de Giovanni López por parte de policías municipales de Ixtlahuacán, Jal. Si bien los dos hechos dieron pie a protestas, la problemática es distinta.

El caso de Floyd evidencia un profundo problema de racismo que sufren los afroamericanos y latinos en Estados Unidos. En nuestro país, el joven Giovanni expone un tema más grave y generalizado: la falta de un Estado de Derecho y la impunidad.

En su Índice de Estado de Derecho, la Organización World Justice Project coloca a los estadounidenses en el puesto número 21 de 128 países, mientras que México se ubica en un vergonzoso 104 lugar.

El problema para nosotros es tan cotidiano que ya lo ignoramos, por eso es complicado que la sociedad empatice con Giovanni en mayor medida. Otra diferencia es la percepción que se tiene de las Instituciones encargadas de la seguridad pública en uno y otro país.

En México, el policía no es visto como un héroe, ni siquiera como un servidor público; trabaja en condiciones indignas y en muchos casos carece de estudios o entrenamiento. Ser policía municipal casi nunca es una aspiración, sino una necesidad.

Las protestas que suscitó el caso de Giovanni son una expresión violenta que se alimenta de una realidad nacional insostenible.Tal parece que ante las amenazas o los intereses externos del poder, la expresión violenta ya no es medio de justicia sino arma política.

Aparte de Giovanni López, en lo que va del año se han registrado por lo menos otras tres muertes de jóvenes a manos de elementos de seguridad en Sonora y Baja California, éste último estado, por cierto, en manos de un gobierno morenista.

Ahí no hubo protestas, el tema se silenció. Quizás porque el gobernador de ese estado, a diferencia de Enrique Alfaro, no encarna una de las voces más críticas hacia el gobierno federal. Además de ser uno de los pocos que ha tomado medidas congruentes durante la contingencia por el Covid-19.

Vivimos tiempos extraños en los que es más fácil sucumbir a la fuerza emocional que a la intelectual, ¿así le interesa al poder?: todos los días busca dividirnos y etiquetarnos por nuestras diferencias. Promover un mundo donde la solución no es el acuerdo, sino la sumisión.

El presidente dijo este fin de semana que son tiempos de definiciones, de ponerse a favor de él o en contra de México. Muchos más bien dirían que es momento de establecer puentes y coincidencias. Pero así como no se le piden peras al olmo, tampoco podemos pedirle ser presidente a alguien que sigue siendo candidato.

Por Gina Trujillo