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Ya no estoy aquí

Una película que, sorpresivamente, ha ganado mucha popularidad a despecho de la competencia del cine comercial

OPINIÓN

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Pues sí, es muy buena, como ha dicho la crítica y como dijo Guillermo del Toro en un tuit entusiasta y preciso. Se habla mucho en los últimos días de Ya no estoy aquí (Fernando Frías, 2019), una película que, sorpresivamente, ha ganado mucha popularidad a despecho de la competencia del cine comercial o las series gringas propia de las plataformas. Lo merece.

Nacido en las zonas marginales de Monterrey, Ulises pertenece a los "cholombianos", una tribu urbana a la que unía, antes que nada, la música y el baile.

En efecto, la cumbia colombiana fue metabolizada en los barrios regiomontanos, que la convirtieron en una rara forma de mestizaje cultural cuando la mezclaron con la estética de los cholos, el reggaetón y hasta el hip hop. Y el destino de Ulises será justamente el de la cultura "Kolombia", como también se le conocía.

En la primera década del siglo, Monterrey, recordaremos, se vio dominado por la violencia desaforada del crimen organizado, dueño de los destinos de la ciudad por un tiempo largo. Los "cholombianos", pacíficos, desaparecieron por esos años, a manos del crimen y de la policía. Ulises, por un incidente que no revelaré para evitar el pecado de spoiler, acabará por huir a Nueva York, a vivir en una marginalidad no más alentadora para eludir una amenaza de muerte.

En el plano más evidente, Ya no estoy aquí es un retrato magnífico, con una banda sonora no menos buena, de aquella cultura, con sus vestimentas únicas y ese lenguaje tan bien reproducido (es casi un protagonista más de la película), y de aquellas calles miserables, tan diferentes al Monterrey próspero y civilizado con el que hacen frontera. Pero es mucho más.

Están ahí, también, los dolores de la migración (en el caso del protagonista, propiamente un exilio), un vislumbre aterrador del México que entraba de lleno a la era de la violencia que nos rodea en casi todas partes y, como apuntó Fernanda Solórzano en la revista Letras Libres, el problema de la identidad con sus mil matices.

Añadiría que es, además, una película sobre la soledad. Lejos del barrio, de sus amigos en mayor medida que de su familia, en su viaje Ulises, como su tocayo en La Odisea –otro que lo único que quería era volver a casa–, se encontrará con personajes muy diversos, con los que logrará vincularse de un modo incluso conmovedor, pero en esencia estará así, solo, y –evito el spoiler de nuevo– solo terminará, porque, sabemos, Ítaca, la original o la de la marginalidad regia, no será nunca más la misma.

Directa, realista pero no hiperrealista, urbana hasta el tuétano, sin barroquismos o estetizaciones pobristas y por eso mismo dotada de una rara belleza, Ya no estoy aquí es, en efecto, una de las muy buenas noticias que nos ha traído el cine mexicano recientemente. Aplauso de pie. Corran a Netflix. [nota_relacionada id=1073393]

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

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