El enojo los tiene arrinconados

El amago de sacar al Ejército atizó el fuego social en EU

Donald Trump y Jair Bolsonaro están en medio de una tormenta que parece arrastrarlos hacia afuera del poder, debido, en buena medida, a su desdeñosa forma de enfrentar la crisis sanitaria por el COVID-19 y, sin duda, fomentar a la ultraderecha que los encumbró en el poder.

Primero fueron apáticos al enfrentar la pandemia, e incluso usaron frases despectivas. Hoy Estados Unidos y Brasil son los países con más número de contagios y muertos en el continente. Lo preocupante es que la crisis sanitaria en ambas naciones no tiene indicios de ceder en el corto plazo.

También están en medio de una ola de revueltas por el abuso y racismo de no pocos policías contra las minorías étnicas, como la que provocó la muerte del afroestadounidense George Floyd, a manos de un agente blanco.

El caso no es aislado. El 24% de los muertos a manos de la Policía son negros, aunque el grupo sólo constituye 13% de la población, según la ONG Mapping Police Violence, pero la diferencia es que este último fue grabado y hecho público. Eso fue la punta de lanza que sacó a las calles el espíritu del Joker, ese que interpretó Joaquin Phoenix y escribió Scott Silver, como si aquel filme hubiera sido una profecía sobre la pandémica segregación en EU, y que hoy le estalló en la cara a Trump, que fiel a su costumbre respondió con más violencia.

Acusó de estar detrás de las revueltas a grupos de izquierda y ultraizquierda, que, según él, agrupa el colectivo "Antifa" –que se opone a las acciones de la ultraderecha– y amenazó con designarlos como terroristas. Exigió mano dura a los gobernadores contra las protestas, y los tildó de “débiles”.

Pero lo que verdaderamente atizó el fuego social fueron sus amenazas de sacar a las calles al Ejército contra las protestas “de unos cuantos”, dijo Trump; en una especie de rebelión, el secretario de Defensa, Mark Esper, dijo que se opone a tal acción. 

Parece que el magnate perdió la cordura y decidió convertirse en el Presidente de la ley y el orden, pero esa postura tiene un costo electoral.

En el caso de Bolsonaro la situación no es muy diferente. El pasado lunes, en Curitiba, Sao Paulo y Río de Janeiro miles de brasileños tomaron las calles para rechazar la forma violenta de reprimir de la Policía contra quienes muestran su inconformidad a los grupos neofascistas que apoyan al Presidente.

El detonador fue el asesinato de un menor de 14 años por parte de la Policía de Sao Paulo, el 18 de mayo, en una redada contra un narco. Sólo para que tenga una idea, en marzo y abril, 290 personas murieron en Brasil por intervenciones policiales. No son pocos los que exigen la cabeza de Bolsonaro. [nota_relacionada id=1062941]

POR ISRAEL LÓPEZ

ISRAEL.LOPEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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