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La politización y la polarización, dos males para México

OPINIÓN

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En los países en donde existe una buena dosis de consenso sobre temas de importancia nacional los diferentes elementos econométricos son eficientes, pero a diferencia de los países en donde se carece de este consenso, desgraciadamente es donde la población está dividida, la población desconfía de los rivales políticos y no está dispuesta a ceder para llegar a acuerdos.

Son sociedades polarizadas y sus divisiones producen peores resultados en toda una serie de ámbitos, desde una mayor inseguridad para las empresas hasta una mayor inestabilidad política, pobreza y desigualdad.

Los países de América Latina y el Caribe tienden a ser más polarizados, pues el extremismo político no favorece a nadie, la trayectoria de los violentos levantamientos políticos y sociales desde los años cincuenta hasta los ochenta sin duda influye en ese rompecabezas. Se tardó décadas en reconstruir un nivel mínimo de consenso después de esas experiencias traumáticas y las fracturas que éste fenómeno provoca, pues resulta difícil acabar con el extremismo y la polarización política, puesto que se alimentan de sí mismas, nutridas por “sentimientos de miedo, vulnerabilidad y pérdida de control”.

La inseguridad alimentaria y salarial provocadas por las crisis económicas, también generan vulnerabilidades que empujan a las personas a extremos opuestos del espectro político.

No tiene nada de sorprendente que algunos países con un nivel relativamente estables de ingreso per cápita, muestren niveles bajos de polarización.

Sin embargo, Nicaragua, uno de los países más pobres de América Latina, es otra historia. Como depende de las materias primas y es vulnerable a los shocks comerciales, este país tiene puntuaciones altas tanto en extremismo de los votantes como en inseguridad económica.

El crimen constituye otro factor. El Salvador, Honduras y Venezuela tuvieron las más altas de América Latina y el Caribe en 2018 y también se encuentran entre los países más polarizados de la región,  pues la impotencia, la inseguridad y la victimización una vez más parecen llevar a las personas a adoptar posiciones extremas.

Sin embargo, si bien la inestabilidad puede alimentar la polarización de los votantes, también puede ser un producto de la polarización de los votantes, en un ciclo de retroalimentación vicioso. Esto se debe a que la ciudadanía dividida tiene más dificultades para avanzar hacia objetivos comunes. Sus gobiernos se esfuerzan en alcanzar un consenso y sostener políticas que unan y no lo contrario, tienen dificultades para establecer y mantener marcos regulatorios que inspiren confianza a los inversores y las empresas y creen las condiciones para promover el crecimiento.

Los sistemas multipartidistas basados en una representación proporcional que son habituales en América Latina pueden llevar a una mayor flexibilidad, dado que hay que ceder para formar y sostener una coalición de gobierno y así llegar a acuerdos y colaboración en todo el espectro político.

Y la existencia de partidos con identidades ideológicas débiles, que compiten sobre la base de la compra de votos y otras estrategias electorales clientelistas en lugar de ideas, mitiga los efectos negativos de la polarización de los votantes, no obstante lo perjudicial que pueden ser ese tipo de partidos para la formulación de bienestar.

Aunasí, la extrema polarización de numerosos votantes en América Latina y el Caribe, agravada por la pobreza, la inseguridad alimentaria, el crimen y una historia de división política, es otro lastre para esas sociedades que les impide avanzar en el sentido que señalan sus recursos y talentos.

La polarización nos frena y los extremos surgen por la gran desigualdad económica en un país, la falta o poca presencia del Estado en determinadas zonas de un país.

Ahí es donde los conflictos surgen.

Por ello, mientras esto sucede, ¿cuál es el rol de los partidos políticos?, si son el espacio reconocido constitucionalmente para promover la participación política en un país, ¿qué tanto están aportando en el debate de ideas, en promover la democracia? No puede ser que no funcionen, o acaso ¿debemos replantearnos su existencia? [nota_relacionada id= 1065660]

POR LUIS DAVID FERNÁNDEZ ARAYA
ECONOMISTA
@DRLUISDAVIDFER

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