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Campeonas de COVID-19

OPINIÓN

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Hace unos días, a raíz de un artículo publicado en la revista Forbes, llamó poderosamente la atención el que, entre los países que mejor manejaron la Pandemia, por el bajo número de contagios y por el menor número de personas fallecidas, siete de ellos son presididos por mujeres. Países tan cercanos como Noruega, Dinamarca y Finlandia o tan lejanos, como está Alemania de Taiwán, o Islandia de Nueva Zelanda. Por lo visto el éxito no está relacionado con la geografía. En Suecia, por ejemplo, los resultados estuvieron muy por debajo de sus vecinos escandinavos.   

¿Qué hicieron de distinto estos países? ¿Tendría que ver el hecho de ser gobernados por mujeres? Algunos lo atribuyen al éxito operativo de sus gestiones, mayor rapidez en sus respuestas, más contundencia en la implementación de las medidas sanitarias, más tapabocas repartidos o más aplicación de pruebas Covid-19. Otros, por haber transmitido mayor confianza en la comunicación. Tal vez el éxito se debió, piensan otros, a la lógica distinta de las mujeres y los hombres; no faltó quien aprovechara la pandemia para su promoción política electoral, a algunos les cayó como anillo al dedo.   

La óptica feminista lo atribuyen a la voluntad férrea de estas mujeres para quienes, llegar al poder significó vencer grandes obstáculos. Algo que también tiene que ver, con políticas más participativas y democráticas de esos países que permitieron, enfrentar mejor la crisis.

Más que las condiciones externas, existe un común denominador en la respuesta de estas líderes y tiene que ver con la actitud anímica que caracteriza a las mujeres por estar espontáneamente abocadas a cuestiones urgentes y a los cuidados que implican. En las que va de por medio la vida, como son la enfermedad, la vejez o la infancia. Y es que la mujer está abocada a lo personal a lo vital, es decir, a la totalidad. Proteger, tutelar, nutrir o sanar es su inclinación fundamental. Lo abstracto o inanimado le interesa en la medida en que sirva a lo personal a lo vivo, no por sí mismo. Su conocimiento intuitivo está orientado hacia lo concreto.   

Esta disposición no se limita a sus seres cercanos, se extiende también a su entorno social, encontrando soluciones más prácticas para preservar lo esencial como es la salud y la vida. Su identidad relacionada íntimamente con la de ser madre, por la relación directa con la vida, le permite organiza no solo su vida personal o familiar, sino también cualquiera que sea su actividad política o profesional.

Por algo los valores que tanto echamos de menos en la política, y los principios en los que estos valores se expresan, tienen su hábitat más propio en el hogar. Para Heráclito el ethos o ética, significaba primariamente el lugar doméstico donde surgen los comportamientos más nobles y desinteresados. La actuación oportuna y eficaz de estas líderes, deja en manifiesto que, la participación de la mujer en la vida pública, contribuye a entablar relaciones más humanas, a construir un mundo desde la solidaridad y la compasión, acciones perfectamente compatibles con la acción política.

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POR PAZ FERNÁNDEZ CUETO
paz@fernandezcueto.com
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