La democracia (y el INE) soy yo

Dudo sinceramente que este gobierno quiera destruir al INE. A nadie le conviene una autoridad electoral sin credibilidad

Una infundada paranoia se ha apoderado de ciertos sectores de la comentocracia y algunos intelectuales de la transición a los que tal vez ha llegado la hora de dar un paso al costado. Por eso creen —o fingen creer— que la 4T está buscando golpear el Instituto Nacional Electoral, acabar con su autonomía o incluso desaparecerlo.

En esa lógica, en la defensa de sus intereses de grupo toman cualquier acontecimiento —desde la reducción presupuestal hasta la de sueldos— como hechos irrefutables de que “este gobierno va por la institución electoral”.

En esa misma línea han actuado recientemente cuando el Presidente de la República —que habla en sentido figurado y sin precisiones abogadiles— afirmó que será “guardián de las elecciones”, cuando es claro, y todos sabemos, que constitucionalmente el INE es el responsable de ellas.

Dudo sinceramente que este gobierno quiera destruir el INE. No sólo por su carga histórica y valor simbólico, sino porque a nadie —mucho menos al Presidente— le conviene una autoridad electoral sin credibilidad.

Algunos de los consejeros más antigobernistas, sin embargo, han querido caracterizar el cuestionamiento hacia algunos de ellos como un embate contra la institución en su conjunto. Saben que esta administración no los ve a ellos en particular con simpatía y busca restarles centralidad. Piensan, quizás, que van por sus cabezas.

El obradorismo quiere limitar el poder del grupo de interés que respalda a esos consejeros, grupo que en gran medida ha capturado a la institución e incluso se apoderó del discurso de la transición como si fuera su patrimonio.

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Buen ejemplo de ello es el Instituto de Estudios para la Transición Democrática, un think tank creado en 1989 para promover la democracia electoral y del que han surgido varios consejeros y funcionarios del INE.

La animadversión de buena parte de la 4T no es hacia el INE. Es hacia ese grupo en particular. Hacia algunos consejeros cuya conducta política les genera desconfianza. Y aunque esa desconfianza es exagerada, hay que reconocer que algunas parecen empeñarse irresponsablemente en alimentarla. Basta leer las provocadoras declaraciones de Ciro Murayama para comprobar como ciertos elementos del INE conciben su papel y el de los organismos autónomos como si fuesen opositores al gobierno.

¿Qué tiene que hacer Murayama asegurando pertenecer a una izquierda “democrática e ilustrada”? ¿Necesita un árbitro electoral recordarnos que él no pertenece a esa derecha ignorante y rupestre como para él es la morenista? ¿Acaso es papel de un consejero competir en el terreno ideológico, político e intelectual con la coalición gobernante? (shorturl.at/irKN0). Por lo visto él cree que sí. No hay un intento por desmantelar el INE. Lo que probablemente hay, es un pleito político y personal entre el partido gobernante y el grupo de poder que hoy controla a la institución. Con todo, no deja de resultar paradójico el que, para dar esa pelea, ciertos consejeros no tengan mejor respuesta que la de transmitir este mensaje: la democracia (y INE) soy yo… y mi grupo. [nota_relacionada id= 1103229]

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM
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