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La pandemia y los riesgos sobre la cadena alimentaria

OPINIÓN

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La emergencia sanitaria y la económica acaparan el espacio en medios y redes. Menor atención ha merecido una cuestión relacionada con esta doble crisis y que puede convertirse en un gran reto: el posible impacto que tendrían sobre la agricultura y en las cadenas de producción y suministro de alimentos. Vivimos un periodo de buenas cosechas y altos inventarios a nivel mundial, a diferencia de la crisis económica de 2008-2009 que ocurrió en un entorno de escasez y altos precios de alimentos, por lo que parecería no existir motivo para alarmarse. Sin embargo, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, señaló recientemente que si no tomamos medidas, una emergencia alimentaria inminente podría tener impacto de largo plazo en millones de personas. A su vez, el Economista en Jefe de FAO, Máximo Torero, indicó que aunque los anaqueles de los supermercados se encuentren llenos, una crisis prolongada podría presionar las cadenas de producción de alimentos (https://tinyurl.com/ya834nqm).  

Las posibles disrupciones a la cadena alimentaria, algunas de las cuales se empiezan a ver, incluyen afectaciones al transporte y logística provocando retrasos y pérdidas de alimentos. También observamos restricciones al libre comercio de alimentos que impiden lleguen a donde se demandan, como fue la prohibición temporal de exportaciones de trigo por parte de Rusia, el mayor productor de este cereal. Justificadas con el argumento de proteger a los consumidores nacionales o por razones fitosanitarias no siempre válidas, las restricciones al comercio de alimentos frecuentemente esconden ambiciones proteccionistas, y podrían acrecentarse en el futuro. Hay también restricciones a la movilidad de personas por razones sanitarias que limitan la migración de trabajadores agrícolas cuya mano de obra es esencial en la agricultura alrededor del mundo. Me refiero aquí no solo a la migración internacional como la de nuestros paisanos a los campos en Estados Unidos y casos similares alrededor del mundo, sino también a la migración interna ejemplificada en México por los jornaleros agrícolas migrantes, tan importante para la producción en ciertas zonas. Aún donde la migración no es tan relevante, el distanciamiento social por razones sanitarias afecta la producción y empaque de muchos alimentos al requerir proximidad entre trabajadores. Finalmente, las restricciones mencionadas afectan también la disponibilidad de insumos agrícolas.

El impacto dependerá del tipo de alimento. Una manera sencilla de verlo es distinguir entre alimentos básicos como cereales y arroz -productos poco perecederos y cuya producción es más mecanizada e intensiva en capital-, y productos de alto valor como hortalizas, carne, leche y fruta, más intensivos en mano de obra y más perecederos. Estos últimos representan una proporción elevada del valor de la producción agrícola de México y de nuestras exportaciones y son más sensibles a interrupciones en la cadena productiva por retrasos en el transporte y logística y por el distanciamiento social. No es un tema menor y puede afectar el bienestar de millones y la economía de México. El sector agroalimentario en México es importante. La actividad primaria (agricultura, ganadería y forestal), fue la única que mostró crecimiento positivo el primer trimestre del año cuando el PIB cayó en 2.2% respecto al primer mismo trimestre de 2019. En este periodo, las exportaciones agroalimentarias de México sumaron más de 10 mil millones de dólares lográndose un superávit superior a los 3 mil millones. 

Las disrupciones a la cadena alimentaria también elevarán la pérdida y desperdicio de alimentos, que representa alrededor de una tercera parte del alimento a nivel mundial según FAO. Aumentará por los productos que no se cosechan o distribuyen, por el desperdicio de comida en restaurantes sin o con pocos comensales o por las compras de pánico de consumidores finales. Por otra parte, el bajo precio de muchos productos agrícolas por amplios inventarios podría motivar que muchos productores reduzcan la producción. En otras palabras, aunque no enfrentamos escasez ahora, podríamos tenerla en el futuro

Si la disponibilidad de alimentos hoy en día no es un problema, el acceso a ellos si lo es. FAO estima que más de 2 mil millones de personas en el mundo padecían de inseguridad alimentaria moderada o grave en 2018, en el caso de México, sería el 28% de la población. La crisis actual podría elevar esta cifra en ausencia de medidas adecuadas, tanto por las disrupciones a la cadena alimentaria como por una caída generalizada en el ingreso de la población. CONEVAL estimó que la cifra de personas en pobreza podría elevarse en casi 10 millones de personas, proyección que parece baja dado que los pronósticos de la contracción económica se elevaron desde entonces.

Las crisis son oportunidades. Coincido con el Economista en Jefe de FAO cuando indica que la crisis nos debe llevar a presionar el botón de reinicio (reset) de la cadena alimentaria de modo que asegure no solo la disponibilidad de alimentos sino el acceso para todos. Que sea más productiva y eficiente, pero a la vez que brinde mayores ingresos para los más vulnerables.  Debemos aprovechar las nuevas tecnologías para mejorar la producción, el transporte y la logística y para evitar el desperdicio. Particularmente para los pequeños y medianos productores, las nuevas tecnologías podrían brindarles mejor información sobre precios y clima, acercarlos a servicios financieros, mejores técnicas de producción y comercialización, elevar su productividad y ponerlos en contacto directo con los compradores, evitando intermediarios. Pulsemos ese botón de reinicio.  

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POR GUSTAVO MERINO JUÁREZ
ESPECIALISTA EN DESARROLLO. PROFESOR DE LA ESCUELA DE GOBIERNO Y TRANSFORMACIÓN PÚBLICA DEL TECNOLÓGICO DE MONTERREY
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