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Una adicción que lacera a Estados Unidos

OPINIÓN

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Pese a que la muerte de George Floyd, en Mineápolis, sacó a la luz el racismo enquistado en las policías Estados Unidos, el pasado fin de semana otra vez un oficial de raza blanca asesinó a otro afroestadounidense, Rayshard Brooks, lo que avivó la furia contra la segregación. 

Según Mapping Police Violence, en 2019, mil 100 personas perdieron la vida a manos de la Policía de Estados Unidos, casi tres diarias. Los números son más graves entre los negros, que representaron 24 por ciento de los ultimados, a pesar de ser solamente 13 por ciento de la población.  

También es cierto que no toda la Policía de EU es racista, e incluso algunos elementos han comenzado a renunciar en Mineápolis, porque ante la ola de críticas y protestas no se sienten respaldados. Se volvieron el foco de los reclamos por el racismo que no es exclusivo de ellos. 

Otros oficiales en la Unión Americana se han sumado a las protestas e incluso se han arrodillado como lo hizo en 2016, el jugador de futbol americano Colin Kaepernick en contra del racismo y el abuso policial, acción que le costó la carrera. Pero a decir verdad eso tampoco ha calmado el enojo de social por la violencia de no pocos oficiales contra las minorías. 

Lo que realmente no se puede entender es como si, el 25 de mayo, el oficial de raza blanca, Derek Chauvin, asesinó a Floyd colocándole su rodilla sobre el cuello durante casi nueve minutos, sólo 18 días después –en medio de manifestaciones en al menos dos mil ciudades estadounidenses–, otro policía blanco Garrett Rolfe asesinó de dos disparos por la espalda a Brooks. 

¿Qué pasa por la mente de algunos oficiales de Policía? Será que las necesidades propias de su trabajo no les permite detectar el gran problema en el que están metidos o su adicción racista ya es incurable, esa vieja institución en EU, lo que refleja es la necesidad de una reconfiguración completa. 

El racismo es un adicción en buena parte de la sociedad estadounidense y aunque se sabe o se tiene conciencia de que no está bien, no se deja de seguir practicando y lo que es más lamentable, tolerando, quizá por esta última razón es que no se puede erradicar.  

No obstante, tras la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en la década de los 60, en el siglo pasado, y la consecuente ilegalización de la discriminación racial, esta no desapareció en Estados Unidos, por el contrario, entró en una especie de olla de presión y tras la llegada de Donald Trump al poder estalló.

Durante más de 50 años el racismo se perpetuó en la sociedad estadounidense a través de la racialización de los sujetos, la construcción de prejuicios y estereotipos; el confinamiento de la población negra en los guetos; la precarización de sus condiciones de vida; la criminalización y como consecuencia la brutalidad policial que se justifica en la “lucha contra el crimen”.

Un punto de tregua fue la llegada Barack Obama, primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, afín a las minorías, pero eso a la vez también puso en punto de ebullición la olla del racismo, que no pudo más, reventó decidiendo darle su voto al magnate republicano, quien llevó la bandera del “White Power” a la Casa Blanca.  

Lo cierto es que los oficiales estadounidense deben de entender que son responsables de cuidar el orden y hacer respetar la ley,  a la que no pueden tomar por su propia mano, ya sea contra personas negras, hispanas, indígenas asiáticas, musulmanas u homosexuales. No les vendría mal elevar su nivel de preparación y unos cursos intensivos sobre Derechos Humanos.

Como colofón y sin entender la envergadura del problema, el Presidente estadounidense firmó el pasado martes un decreto de reforma para la Policía, que incluye la prohibición de técnicas de estrangulamiento como método de inmovilización, a menos que "la vida de un oficial esté en peligro”.

En pocas palabras está legalizando el abuso policial, cualquier oficial puede argumentar que su vida estaba en peligro al momento de una detención y con ello justificar la muerte de un detenido o ¿no cree usted?

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POR ISRAEL LÓPEZ

ISRAEL.LOPEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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