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Reloj electoral en plena pandemia

OPINIÓN

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En este 2020 se juegan los comicios de 2021, y por este 2020 pasa 2022, año de la revocación de mandato del presidente López Obrador. De lo que suceda en esa licuadora electoral, dependerá en buena medida 2024.

El COVID-19 movió el tablero del poder. En la estrategia de varios gobernadores, líderes de partidos y, claro, funcionarios federales, el calendario que los guía no es el de la cuarentena, sino el del próximo proceso electoral; la curva que más les importa no es tanto la epidémica, como la de su popularidad.

Hace apenas unos meses no parecía que este año, el segundo de un presidente que arrolló en las urnas, fuera definitorio. Pero el escenario cambió. Se generaron vacíos en un gobierno que lo abarcaba todo y se abrieron espacios de oportunidad política. Las crisis cimbran y esta, por su carácter inédito, lo hizo con mayor fuerza.

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La pandemia tomó al partido en el poder mal parado. Morena estaba en disputa y el paraguas partidista del presidente no existe. El espectro partidista está tomado por la oposición. Salvo Ricardo Monreal y Mario Delgado que hacen contención e intentan desahogar en el Congreso la agenda presidencial, además de buscar reconstruir los puentes que dinamita el gobierno con la IP, nadie en Morena mete el hombro por el presidente. No defienden sus estrategias ni acompaña sus políticas. El partido no le sirve así a López Obrador. Los gobernadores emanados de él ni siquiera son capaces de coordinarse con la Federación y representan, no pocas veces, mayor resistencia que la oposición misma. Si Morena no despierta y se organiza, antes del derrumbe electoral de 2021, AMLO habrá pintado su raya con ellos.

Mientras, la oposición se reagrupa. Camina en bloque. El PAN se fortalece, sus gobernadores están cohesionados y sus grupos parlamentarios en el Congreso se ven sincronizados. PRD y PRI, por sobrevivencia, se adhieren a la agenda contestataria. Con ellos y MC, alcanza para ser contrapeso y entorpecer la operación política-legislativa del gobierno.

En el escenario federal, López-Gatell que lo ocupa casi todo, ya fue alcanzado por el desgaste de la crisis. No solo es lo sanitario, donde sus métodos y cifras son cada vez más cuestionados, sino su rol en lo económico. El subsecretario se impone, corrige a secretarios y representa un dique en el entendimiento entre gobierno y sector empresarial.

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Varios secretarios, lo mismo de Hacienda, Economía o Trabajo, parecen convidados de piedra. No llevan mano en la toma de decisión y si acaso tienen voto para dictar políticas, cuando deberían ser la voz cantante. Otros funcionarios de plano están ausentes; Alfonso Romo, por ejemplo, fue borrado del mapa. Algunos más, con experiencia y astucia, se mueven con mejor suerte en aguas convulsas, como el Canciller Marcelo Ebrard.

En plena emergencia, al presidente le urge volver a lo suyo. No luce cómodo. Las oficinas y en encierro no le van. Su fortaleza está en el contacto con la gente, en la calle. De eso se nutre. Y por ahí pasa su 2021 –para mantener la mayoría en el Congreso-, 2022 –ganar la revocación de mandato- y 2024 –darle continuidad a su 4T-.

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POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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