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El país de la esperanza

OPINIÓN

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Municipios de la esperanza”, llamaron a aquellos que, presuntamente libres de COVID-19, serán los primeros en volver a la “nueva normalidad”. ¿Una cursilería? Sí. Pero, más allá de la sana carrilla que le dieron a esta ocurrencia en redes, vale la pena entender de dónde viene. 

A nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador podemos regatearle muchas cosas, pero no y nunca que, pese a su fobia a todo aquello que sea próspero y productivo, es un gran vendedor. 

Y como eso, el extraordinario vendedor que es, sabe que la cursilería siempre encuentra clientes, y pues sí, pocas palabras tan proclives a hundirse en la melcocha que esa, esperanza. 

Digo, hablamos del hombre al que se conoció como “Rayito de Esperanza”. 

Sabe eso, el Presidente, y sabe algo más, como dije antes aquí: que se puede gobernar con base en una palabrería ininterrumpida (ese “rayo que no cesa”, para usar palabras del poeta Miguel Hernández, tan gustado), siempre que por gobernar entiendas la conservación del poder al precio que sea.

Así que ¡bum!: tenemos 269 municipios de la esperanza, COVID-19 free, que, sobra decir, son la avanzada: pronto serán dos mil 547 los municipios de la esperanza, o sea: todo un país esperanzadísimo.

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¿Cómo va a ser ese país?

De entrada, va a tener, según el Coneval, 10 millones más de pobres. ¿Culpa del virus? Sin duda. 

Pero, cansa ya repetirlo, culpa también es de la respuesta del Presidente a esa crisis, insuficiente hasta el grado de la crueldad, y a sus decisiones prepandemia, de la cancelación del aeropuerto internacional de Texcoco en adelante. 

El titular del Ejecutivo no lo entiende así, pero esa multiplicación de la miseria está conectada con la fuga de inversionistas, la quiebra de empresas y la consecuente pérdida de empleos (500 y pico mil mexicanos más se quedaron sin trabajo en un mes). 

A esto se suma la caída sin precedentes del PIB (se va a menos 9, según cálculos que no son los más pesimistas) y, sin duda, con la gestión petrolera, que, luego de costarnos 35 mil millones de dólares, alcanzó su punto más elevado con lo que la secretaria de Energía, Rocío Nahle, llamó una ovación y los saudíes una guerra comercial contra México.

También va a ser un país oficialmente militarizado y un país en medio de una pandemia, porque el virus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), propiamente no se va a ir nunca y las vacunas tardarán. 

Me vienen a la mente dos citas. 

Una es un lugar común: “La esperanza es lo último
que muere”, otra forma de decir que es lo único que nos queda.

La otra es del historiador holandés Frank Dikötter, especialista en el tema del culto a la personalidad: “Cuanta más la pobreza, más ruidosa la demagogia”.

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POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


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