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Los ignorados

OPINIÓN

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Hay un segmento de la población para la que el presidente preferiría no gobernar.  Lo ha hecho evidente desde el inicio de su gobierno. Se trata de ese grupo de personas al que no puede poner en categorías: aquellos que no son ni los más ricos ni los más pobres. Esa amplia franja intermedia, conformada por profesionistas, pequeños y medianos empresarios, académicos, artistas, periodistas, activistas y miembros de la sociedad civil. No sabe dónde acomodarlos en su narrativa.

Con los sectores más marginados siempre ha podido comunicarse, tiene una empatía natural que lo hace cercano.  Con los más ricos, por otro lado, puede hablar el lenguaje del poder. A ellos los puede controlar mediante concesiones y contratos. Los de en medio le estorban, porque lo necesitan menos y lo cuestionan más. 

Los más ricos pueden navegar las crisis sin preocuparse demasiado. El presidente ha anunciado que no les aumentará impuestos por lo que pueden estar tranquilos. El modo de vida de los grandes millonarios mexicanos no cambiará drásticamente después de la pandemia. Por otro lado, el presidente ha apoyado sensiblemente a los sectores más pobres mediante transferencias y microcréditos que les permiten seguir cubriendo gastos. Aunque su estabilidad sea efímera, es tangible. 

Los que quedan en medio son aquellos en quienes el presidente prefiere no pensar.  La clase media es la franja invisible del sexenio. Empieza con esos empresarios que tienen 10, 20 o 50 empleados, que están luchando contra la crisis para no dejar a decenas de familias sin sustento. Conocen a sus empleados de nombre porque los contrataron personalmente a todos. Pasa por los jóvenes que terminaron una licenciatura con mucho esfuerzo de toda su familia y que hoy ven un futuro profesional incierto. Están aquellos padres y madres que logran pagar de vez en cuando una vacación familiar y le están dando a sus hijos mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Están los que investigan y cuestionan al gobierno desde una oficina pequeña, los que hacen cine independiente y los que trabajan en organizaciones civiles con presupuestos ajustados. Están las mujeres que, desde el inicio del sexenio, se quedaron sin una estancia infantil donde dejar a sus hijos para poder seguir trabajando.

Para ellos, el gobierno no existe. Y ellos no existen para el presidente.  

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“¿Qué?, ¿nosotros estamos aquí de floreros?” respondió el presidente cuando le preguntaron por el acuerdo del Consejo Mexicano de Negocios con BID Invest para apoyar a esas empresas abandonadas por el gobierno y de las que dependen millones de empleos. Al presidente le molesta que las clases medias sean una prioridad en medio de la crisis.  No se da cuenta de que, en efecto, él y su gobierno han sido un florero para muchos. Los miembros de la clase media no tienen presidente porque él se ha negado a gobernar para ellos. 

POR FERNANDA CASO
FERNANDACASO@HOTMAIL.COM
@FER_CASO

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