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Gobernar sin decoro

La falta de decoro radica en haber destruido al Seguro Popular para reemplazarlo con una aberración

OPINIÓN

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Andamos exaltados. Hace unos días, un tuit mío tuvo una respuesta digamos que irónica por parte de un viejo conocido con el que me precio tener buenas relaciones, hoy sumado a a la estructura de gobierno –un hecho, lo digo en serio, que en modo alguno lo descalifica ni como interlocutor ni como nada, pero que me parece sano mencionar cuando se entra a discusiones públicas.

En su respuesta me invitaba a tener, uso su término, “decoro”, un término que, la verdad, me parece muy apropiado.

Lo que hacía en mi tuit era ironizar sobre el hecho de que luego de desmantelar al Seguro Popular y de presumir el Insabi, el gobierno había acabado por enfrentar la pandemia que se nos vino encima ¡mediante un acuerdo con los hospitales privados!

Bueno, si a algo podemos llamar falta de decoro es a eso. No es que el acuerdo –aceptemos que de eso se trata– sea descalificable en sí mismo. Con toda probabilidad, el México del Seguro Popular hubiera necesitado también de un arreglo parecido, porque no hay otra manera de enfrentar una tormenta como el coronavirus y el viejo modelo era también, por supuesto, perfectible.

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La falta de decoro radica en haberlo destruido así para reemplazarlo con una aberración como el Insabi, que nadie en su sano juicio puede defender a estas alturas (podemos discutir sobre la conveniencia de un sistema de salud público puramente público, pero no podemos discutir que el Insabi, en su inutilidad, en su crueldad burocrático-ideológica con los enfermos más vulnerables, es eso, una aberración).

Radica también en haberlo firmado hace unos días, cuando la pandemia se veía venir desde, seamos generosos, enero. Radica en cacarearlo como un triunfo junto con la llegada de aviones chinos luego de que nuestro personal médico cae infectado porque no, no se hicieron a tiempo las compras debidas, y sí, Eugenio Derbez, como tantos que han denunciado esa situación, hablaba con la verdad.

Radica en venderlo como parte de un plan minuciosamente trazado, como el plan propio de un gobierno serio, metódico, cuando no hace un mes que nos invitaban a abrazarnos y pasear por ahí.

Y es que la falta de decoro, me parece, es lo que distingue ya demasiado claramente a este gobierno. Extiéndanlo a la economía, un tsunami del que vamos a salir, otra vez, cruelmente lastimados, y no sólo por la pandemia, sino porque la ideología es, ya les digo, cruel. O a la seguridad pública.

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O, incluso a la presunta lucha contra la corrupción, con casos de tanta digamos flexibilidad como los de Bartlett y Romo.

Y es que la falta de decoro es una consecuencia del ejercicio vertical, incuestionado, individualizado, del poder. Es, una consecuencia, o sea un síntoma, del autoritarismo.

No creo, sobra aclararlo, que la falta de decoro sea mía. A mi viejo conocido, como sea, le mando un abrazo.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09

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