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Dios y ganar en el fut

Te doy mis argumentos para pensar que el ser supremo no incide en los resultados en el balompié

OPINIÓN

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Estas líneas distan mucho, pero muchísimo, de ser un documento teológico, bíblico o religioso. Quizás la aclaración es absurda, pero en estos tiempos de altísima susceptibilidad no está de más, no vaya a ser que me caiga la infalible inquisición de las redes sociales.

Al ver tantas y tantas ocasiones en las que se involucra a Dios en los partidos de futbol, sería más que justo preguntar si es que él tiene que ver con los resultados de los juegos. Sinceramente, yo creo que no.

Bueno, a ver, Dios tiene que ver con todo, y todo pasa por él, pero en un partido de futbol, la libertad que tenemos los hombres, nuestro libre albedrío, es la que define el resultado, ¿no? Juega mejor el equipo que tiene a los elementos que decidieron entrenar mejor, y que tienen un director técnico que optó por estudiar más, por ejemplo.

A mi entender, Dios no mete su mano cuando, por exponer una situación de un juego, se cobra un tiro penal. Se lo deja todo al cobrador y al arquero. Imaginemos que estos dos se encomiendan a él, quien lo va a tirar le implora no errarlo, y el portero le suplica detenerlo; si es gol, no es porque quiera más al delantero que al arquero. De ser así, un equipo formado por monjes benedictinos sería imbatible.

Llamó la atención, hace no mucho tiempo, el ver a través de la transmisión televisiva de un juego de futbol a Ricardo Peláez, capaz y profesional directivo de las Chivas del Guadalajara, lanzando bendiciones dirigidas a sus jugadores con unas estampitas en la mano, haciendo la señal De la Cruz, tal como si fuera un cura bendiciendo una casa o un negocio, o hasta un exorcismo. Su equipo perdió en penaltis, y no creo que le podamos achacar la derrota a la poca efectividad divina, más bien a las pifias de sus jugadores y a los aciertos de los rivales. De la misma manera vemos todo tipo de rezos, persignadas y demás actos de fe que no determinan el resultado de un partido; no sería justo que fuera así. No veo a Dios premiando a unos y castigando a otros en una cancha de futbol.

Por supuesto que no estoy criticando esos personales actos de fe; probablemente sería más conveniente hacerlos de manera un poco más discreta. Con lo que me parece que hay que tener un poco de cuidado es en el entenderlos como determinantes de un resultado deportivo, pretender que Dios está o no con nosotros, dependiendo si se gana o se pierde. A mi entender, los rezos en las competencias se deben de entender como encomendarse a Dios, como en cualquier actividad de la vida, para pedir que todo salga lo mejor posible, dedicándole el esfuerzo, entusiasmo y deportividad a él, sin olvidar nunca el: “hágase tu voluntad” respetando y aceptando su divina sabiduría, explotando y agradeciendo la libertad que nos da de tirar a gol o centrar al compañero más cercano, por ejemplo.

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POR PONCHO VERA
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