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Cambiar para permanecer

OPINIÓN

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Desde su fundación en 1929, como Partido Nacional Revolucionario, la actuación del PRI ha obedecido a objetivos nacionales específicos. Durante los años 30 su función se ubicó en la pacificación del País y en la construcción de las bases para la edificación del Estado Mexicano en el modelo institucional y el proyecto social inscrito en la Constitución Política de 1917.

De 1938 a 1946, como Partido de la Revolución Mexicana, promueve la incorporación de los grandes grupos sociales de obreros, campesinos y clases medias populares a la dinámica de la lucha por la justicia social.

En 1946, al término de la Segunda Guerra Mundial, surge como Partido Revolucionario Institucional para impulsar el desarrollo económico y social del País con gobiernos civiles y con una vía ideológica propia, el nacionalismo revolucionario, que mantuvo a la nación al margen de la lucha de las potencias mundiales que dividieron al planeta en bloques capitalista y socialista.

El PRI fue, sin duda, el gran constructor y defensor de las instituciones que impulsaron el desarrollo nacional en el siglo XX. Y desde los años 70 fue el gran promotor de la transición democrática que abrió las puertas a la normalidad electoral y al pluralismo Político.

Pero ya no fue capaz de transformarse a sí mismo con la misma velocidad y eficacia; y a partir de los años 80 inició una ruta de deterioro ideológico y programático por los impactos del neoliberalismo y el abandono del proyecto constitucional de Nación, situación que lo llevó a perder la Presidencia de la República el año 2000.

12 años en la oposición se convirtieron en su cuarta etapa histórica, el PRI en la oposición. 12 años que le permitieron reorganizarse sobre cuatro pilares fundamentales: La fortaleza política y de gobiernos locales que conservó, la inteligente construcción de acuerdos de las dirigencias nacionales con las fuerzas partidistas regionales, la profundización de su democracia interna y el alineamiento ideológico en la socialdemocracia que le permitió recuperar sus raíces históricas y el proyecto ideológico fincado en la justicia social.

Esto hizo posible que recuperara la confianza ciudadana para ganar nuevamente la Presidencia de la República el 2012; y entonces el PRI tuvo la gran oportunidad histórica para reconstruirse, para iniciar una quinta etapa como partido en el gobierno y no como partido del gobierno; para convertirse en el garante del cumplimiento de su proyecto ideológico. Pero no lo hizo.

La élite dirigente fue omisa de los compromisos con la sociedad y con la militancia y fue en exceso permisiva y servil frente a la corrupción, la frivolidad, la ineficacia y los excesos de una camarilla gobernante que provocó malestar, hartazgo y rechazo de la sociedad que se reflejó en los resultados electorales de 2018.

A sus 91 años, el PRI enfrenta nuevamente el reto de su reconstrucción, de su renacimiento; a partir de lo que es su realidad actual, con la pérdida de casi el 80% de sus afiliados y en el concierto de las condiciones objetivas del contexto político nacional. Lo que fue y lo que hizo ya es historia.

No se puede vivir del pasado. Cambiar, pero “con rumbo y responsabilidad”, con altura de miras, con efectiva democracia interna y sin exclusiones, sin autocomplacencia ni autoengaño; de lo contrario difícilmente podrá permanecer más allá del proceso electoral del 2020-2021. [nota_relacionada id=925402]

POR JOSE? ENCARNACIO?N ALFARO CA?ZARES

COLABORADOR

@JOSEEALFARO

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