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El deporte contagia entusiasmo

Pensemos que todo se puede solucionar y disfrutemos de un 2020 histórico y mara-villoso

OPINIÓN

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Saturados de información e imágenes, y tentado a escribir con mascarilla, no me dejaré llevar por la paranoia, aunque prometo lavarme las manos al terminar.

Vivimos la primera enfermedad viral, sí, viral también en redes sociales. Nunca antes se había propagado el miedo como ha sucedido con las herramientas y dispositivos que hoy tenemos.

El deporte mundial está en cuarentena, puesto que no puede ni debe ser ajeno a lo que sucede. Desde hace un tiempo, el fin de semana se ha convertido en un manantial de eventos que nos permiten olvidarnos de lo cotidiano y presenciar lo extraordinario, y el COVID-19 amenaza con robarse nuestro sosiego y espectáculo.

Los calendarios deportivos son enormes estructuras globales que saltan de un punto a otro del planeta, intentando acapararlo todo, y hasta el momento el GP de Shanghái de Fórmula 1, el Mundial de Atletismo bajo techo en China y la liga y la Copa italiana de futbol, entre otros, han sido suspendidos.

La posibilidad de tener más cancelaciones está latente, además de quitarle la magia a los que sí se efectúen, y es que ver un partido sin público en las tribunas es como asisitir a un concierto sin gente. ¿Se imaginan escuchar al bajista anticipándole qué acorde sigue al guitarrista? Pues eso es ver un partido a puerta cerrada. Se escuchan las indicaciones, se perciben los gritos para corregir al compañero, se distinguen las voces de los que mandan y todo eso se lleva el encanto que nos hace ponernos frente a la pantalla.

No, el deporte debe estar acompañado por la pasión y fidelidad de quienes se vuelcan a las tribunas para trasmitir emoción a sus jugadores. Contagiar de entusiasmo, no de coronavirus, eso es lo que se intenta evitar.

Los grandes eventos de 2020 esperan ansiosos una solución. La Euro más continental de la historia desea celebrar sus 60 años en 12 ciudades esparcidas por todo su territorio, lo que podría interpretarse como un festín para el COVID-19. Y por supuesto Tokio, la gran ilusión de los Juegos Olímpicos, en uno de los países más afectados, corre el riesgo de posponerse, pero no más allá de diciembre, porque entonces serían cancelados, según las propias autoridades japonesas.

Terrible panorama para un año cargado de actividades, que puede sucumbir ante el miedo que provoca ésta enfermedad. Las perdidas económicas serían terribles, pero para los atletas el momento de forma, el calendario adecuado, la puesta a punto serían irremplazables, porque aunque nos guste pensar que podemos comprarlo todo, no, el tiempo no tiene precio ni sustituto.

Pensemos que todo se puede solucionar y disfrutemos de un 2020 histórico y maravilloso. Confiemos en que lo único que se puede propagar es la emoción de ver a los mejores atletas del mundo, haciéndonos olvidar por un instante lo difícil que es vivir en un planeta cada vez más conectado.

POR IÑAKI ÁLVAREZ

@INAKIALVAREZ

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