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Instrucciones para joder el cine

El cine mexicano tiene una infinidad de problemas y carencias, pero es, en conjunto, un universo rico y exitoso

OPINIÓN

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Hablé antes del encuentro de Martí Batres con la ANDA, del que salió una iniciativa de reforma a la Ley Federal de Cinematografía francamente mortífera. En breve, la propuesta implica que, sí o sí, cada película que venga de fuera tiene que ser doblada al español y a las lenguas indígenas predominantes en las regiones donde vaya a ponerse en salas, una obligación, esta última, que tienen asimismo las películas habladas en español. No quiero ser reiterativo, pero va de nuevo: si calculamos que cada doblaje cuesta 200, 300 mil pesos, entenderemos que el cine no comercial, que llega a unas cuantas decenas de pantallas, se volvería un negocio inviable.

El servicio público tiene una peculiaridad: así como –por la burocracia, las resistencias sindicales, los límites jurídicos– es muy difícil arreglar lo que no funciona, es facilísimo arruinar lo que sí funciona. Basta una persona con iniciativa y tenacidad, como ejemplifican el desastre de la economía nacional, con sus aeropuertos, o la salud, con sus Insabis.

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Bien, el senador está a nada de ofrecernos otro ejemplo. El cine mexicano tiene una infinidad de problemas y carencias, pero es, en conjunto, un universo rico y exitoso. Sí: se producen abundantes películas, algunas muy rentables y otras muy premiadas por el mundo, pero además nos hemos dado la posibilidad de ver mucho y muy variado cine, lo mismo en la cartelera comercial que en la alternativa, que en plataformas, que en la Muestra, que en Ambulante, que en Morelia.

La iniciativa de Batres es un ataque, tal vez bienintencionado, a ese universo rico y exitoso, que es producto de las fuerzas combinadas de empresarios, ciudadanos entusiastas y el Estado. No es el único ataque. Con la 4T, el cine mexicano ya libró amenazas como el intento de cierre de Filminlatino, los conatos de terminar con los apoyos fiscales y los recortes sin tregua a Cultura, que afectan seriamente a los festivales. Pero es uno particularmente grave, y no solo por el despropósito de los doblajes. La propuesta pretende incluir en el salario el pago de regalías que reciben los artistas por sus obras. Porque, sí, los actores, como los músicos, suelen cobrar una cantidad por contrato al elaborar una obra, pero luego tienen derecho a cobrar regalías por ella, igual que un novelista o un dramaturgo. Bueno, la propuesta implica desaparecer las regalías. O sea, dar muerte a ¡la propiedad intelectual!

El trabajo de los actores de doblaje es indispensable, y en México, concretamente, ha alcanzado cuotas muy altas de calidad. Me parece que las propuestas de Batres son un atentado contra ellos, como contra los actores y músicos en general y, repito, contra la industria y la cultura.

¿Tiene algún aspecto positivo? Sin duda. Permite escribir todo un libro: Instrucciones para joder el cine.

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POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

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