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Comprar una candidatura

Lo que vemos en EU es una muestra de lo que genera una elección sin límites

OPINIÓN

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El New York Times reporta que el gasto de Michael Bloomberg supera los 400 millones de dólares (7 mil 500 millones de pesos) en dos meses que lleva de campaña. Estamos hablando, por ponerlo en perspectiva, de más de 100 veces el tope de gastos autorizados por el INE para los precandidatos presidenciales en México.

Un dato relevante es que 100% de los recursos de la campaña de Bloomberg han salido directamente de su cuenta. Se trata de un billonario para quien una suma de dinero como esta no representa ni 10% de lo que ha donado.

La brutal inversión le ha significado al candidato un crecimiento acelerado. De no aparecer en las encuestas en noviembre, hoy se encuentra en segundo lugar en las preferencias nacionales, según una encuesta del Marist College y NPR.

Un fenómeno como el de Bloomberg obliga a pensar el papel que juega el dinero en una elección. ¿Se vale que un candidato multimillonario inunde la televisión y las redes sociales para hacer que su voz se escuche más que la de sus opositores? Los sueldos que paga y el tamaño de la red que construye se convirtieron en un reto para las campañas de sus contrincantes, quienes luchan por mantener a sus equipos en la estructura territorial.

Mientras que candidatos como Sanders y Warren han advertido sobre el daño que han hecho los intereses económicos en la política del país, Bloomberg entra a la contienda haciendo uso de esas mismas prácticas.

La experiencia de los Estados Unidos refleja el enorme paradigma del dinero privado en una democracia. Mientras la intuición y el coraje por la corrupción nos lleva a exigir que se reduzca el financiamiento público de campañas en países como México, a veces dejamos de ver los riesgos de una política que juega bajo las reglas del dinero privado.

Las preferencias que Bloomberg ha alcanzado, por lo pronto, ya le consiguieron un lugar en el debate de Nevada, donde aparecerá en televisión nacional frente a millones de estadounidenses en el marco de las primarias del Partido Demócrata. Esas mismas preferencias podrían convertirse en un suficiente número de delegados para retar a Sanders en la Convención Nacional en julio. Y si la elección para ese momento está todavía cerrada, entones votarían los llamados “Superdelegados” del Partido, muchos de los cuales son funcionarios públicos que llegaron al cargo con campañas financiadas en el pasado por Bloomberg.

Lo que estamos viendo en EU es una muestra de lo que genera una elección sin límites económicos. Hoy empieza a parecer posible comprar una candidatura presidencial en el país más poderoso del mundo. Su proceso electoral debe servir como advertencia y punto de referencia para debates en el futuro sobre lo que significa la palabra democracia en un mundo que gira en torno al dinero. [nota_relacionada id=859882]

POR FERNANDA CASO
FERNANDACASO@HOTMAIL.COM
@FER_CASO

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