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Redefiniendo el lujo

Un cambio de conciencia, una reunión de historias y una mezcla de textiles de colores, fue parte de la experiencia que viví en esta edición de TEXTo

OPINIÓN

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Fue el miércoles de la semana pasada cuando pasé, como todas las mañanas, por mi café a Tetetlán. Para los que no sepan, Tetetlán es un restaurante, una tienda y un centro cultural ubicado en el Pedregal, en lo que fue una casa que construyó el arquitecto Barragán para la familia Prieto en 1947.

Ese día, Tetetlán estaba diferente. Había mucha gente de todas las nacionalidades y de todas las culturas. ¿El motivo? La primera edición de TEXTO ( la elección del nombre rastrea el origen etimológico de la palabra “texto” que proviene del latín textum que significa “tejido”), un espacio que se llevó a cabo en el marco de la semana del arte en México que congregó a artesanos de diferentes países en un mismo lugar. Curada por Marcela Echavarría y Kavita Parmar, la exposición reunió a 45 maestros de 23 países, con el objetivo de crear un evento para quienes entienden las tradiciones, el valor de los textiles, la sustentabilidad, la arquitectura y la identidad.

Entré a la espectacular casa de Barragán, en donde me encontré con César Cervantes, Johann Mergenthaler, Marcela Echavarría y Kavita Parmar. “Se cree que el lujo es el exceso, cuando es todo lo contrario”, decía César Cervantes durante la conferencia inaugural del evento. Vestido con una indumentaria blanca que, sin duda, llamó la atención de los asistentes, confeccionada por Venus y Loco, un taller artesanal contemporáneo.

Continué mi recorrido y entré a la sala de la casa. Sus muros ciegos, la incorporación de luz y sombras, la arquitectura y el diseño de este lugar lo hacen un lugar único y perfecto. El piano de la sala tenía un rebozo en la superficie y varios estambres de colores. Miré por las amplias ventanas que daban al jardín y me sorprendí, parecía una reunión de la ONU. Artesanos de Malasia, India, Rusia, Uzbekistán, Laos, Etiopía, Guatemala, Mali, Perú, Tailandia y por supuesto de México, entre muchos otros países. Me di a la tarea de preguntar, escuchar y tocar. Tocar mucho, sentir los textiles, escuchar cómo dedican tanto tiempo en cada prenda, captar el amor de estos artesanos por su oficio y entender el valor de lo que hacen. Me detuve en el stand de Perú, en donde la artesana me contó un poco de su arte, gusto heredado por generaciones y me platicó de la magia que hay detrás de cada bordado, de cada punto de cruz y de cada hilo. En ese momento pensé: "Esto definitivamente es un lujo". El artesano era un lujo, el textil era un lujo pero, el mayor lujo, era la historia que se cuenta detrás de esto.

EL VALOR SOCIAL DE LOS TEXTILES ARTESANALES

Me gustó mucho escuchar historias. Volví al día siguiente. Platiqué con otros artesanos y fue entonces cuando sentí que lo entendí “todo”. El concepto de lujo que tenía no era el correcto. ¡Qué mayor lujo que el de entender nuestras costumbres, que el de ser portador de valores y de identidad! La exposición y el conocimiento de telares de otros países fue parte de la experiencia. Pero el cambio de conciencia, eso fue el mayor de los aprendizajes que me dio esta feria. Entendí que el artesano en el marco social podría jugar casi el papel de educador, por el aporte cultural que hace a las nuevas generaciones. Es por esto que la importancia de mantener los valores y la esencia, simplemente no tiene precio.

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POR MARÍA DEL MAR BARRIENTOS
IG: @MARIMARBAT
MARIMAR.BARRIENTOS@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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