López-Gatell, se le acabaron los trucos

No es capaz ni de ponerle color al semáforo que él inventó y presumió como guía

López-Gatell, se le acabaron los trucos
Manuel López San Martín / Definiciones / Opinión El Heraldo de México

Del modelo centinela, que un día –cuando dejó de decir lo que quería- borró de un plumazo, al semáforo epidemiológico, ahora “intrascendente”. De ese tamaño son las inconsistencias de Hugo López-Gatell; reflejo de su incompetencia.

Detenerse en sus palabras, es comprender el porqué del desastre de la pandemia en México, el país con mayor letalidad del mundo (9.7 decesos por cada 100 casos), el cuarto con más muertes acumuladas en el planeta (solo detrás de EU, Brasil e India), el tercero con la tasa de positividad más alta (42%, cuando la OMS recomienda 5%), en el que más fallecimientos hay entre personal de la salud, el que menos pruebas de detección aplica en la OCDE…

El subsecretario, que aplanó la curva por decreto a finales de abril, calculó el pico de la pandemia para principios de mayo, aseguró que para el 25 de junio –sí, le puso fecha- la epidemia habría concluido en el Valle de México y erró en todos sus pronósticos sobre el número de muertes, que fueron de 2 mil al “escenario muy catastrófico” de 60 mil, tiene al país en un callejón sin salida.

Si se evaluara su trabajo, hace tiempo no debería estar donde está.

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Ya agotó todos sus trucos. Incapaz de generar cohesión con su “estrategia”, atiborrado de bandazos y evidenciado hasta la saciedad en sus contradicciones, el arrogante e intocable –hasta ahora- subsecretario que ha chocado con cuanto dato científico ha sido puesto frente a él, terminó por estrellarse el viernes pasado consigo mismo.

“En color del semáforo es hasta cierto punto intrascendente. Alerta por COVID-19, emergencia por COVID-19. ¿Hay alguna duda?”, respondió fuera de sí, manoteando, el viernes por la noche en Palacio Nacional, al ser cuestionado sobre si la Ciudad de México permanecía en color naranja o iba a rojo. Cuando la CDMX se encuentra en niveles de ocupación hospitalaria similares a los del momento más álgido de la pandemia, mayo pasado (por encima del 75% de ocupación de camas de hospitalización general), y a una semana, según cálculos de la secretaría de Salud, de la saturación hospitalaria, el funcionario es incapaz de funcionar. López-Gatell no puede, siquiera, ponerle color al semáforo que él mismo inventó y antes presumió como guía para tomar decisiones.

Trastabilla en todo. Ha sido incapaz de comunicar para dar certeza. Sus palabras están llenas de enredos; su información, llena de desinformación. En los dos asuntos sobre los que la OMS ha hecho mayor hincapié: uso de cubrebocas y aplicación de pruebas masivas, ha fallado. Se niega a recomendar el uso generalizado de cubrebocas y dice que las pruebas masivas no sirven. Su manejo raya en lo criminal.

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Desde antes de que llegara la pandemia a México, guardó el rigor científico en un cajón. El 11 de febrero aseguró, soberbio, que “hay mucha mitología en lo que hemos escuchado en la prensa internacional, de que se necesitan construir hospitales especiales o tener centros exclusivamente para coronavirus. No. El coronavirus nuevo, 2019, como lo hemos dicho desde el inicio y sigue siendo vigente esta realidad, se comporta como una enfermedad respiratoria de moderada a baja gravedad. Es más leve que la influenza estacional. El coronavirus nuevo ha cobrado mucha notoriedad porque es una enfermedad emergente, pero la proporción de graves y muertes son semejantes o incluso menores que los de la influenza. No se necesitan hospitales especializados.”

Nueve meses después, la realidad nos revienta en la cara como país. Sus palabras explican el desastre.

De no necesitarse “hospitales especiales”, a tener que reconvertir 290 de ellos (IMSS); de ser “más leve que la influenza” a provocar casi cuatro veces más decesos que la neumonía e influenza juntas: 31 mil 81 muertes en todo 2019 vs. más de 114 mil defunciones (en la poco confiable cifra oficial) en nueve meses.

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López-Gatell “sirve para lo que sirve y no sirve para lo que desafortunadamente no sirve”. Funciona para amoldar la realidad a su deseo, no para hacer frente a la mayor crisis sanitaria que haya vivido nuestro país.

En México, cada año fallecían alrededor de 700 mil personas. Para este 2020 habrá, al menos, 300 mil muertes más por COVID. Ese coronavirus que “no era tan grave”, sumado a la estrategia plagada de bandazos, será por mucho la primera causa de muerte en el país. Ningún suceso, desde la Revolución mexicana, había matado a tantos mexicanos. De esa magnitud es el drama por el que atravesamos.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN


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