La nueva censura

Mientras la actual élite del poder bloqueaba el Paseo de la Reforma en 2006, en Silicon Valley nacía Twitter. Escasos meses antes habían creado Facebook y YouTube

La nueva censura
Fernando Herrera/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Ante nuestros ojos ocurre un curioso fenómeno: los políticos ideológicamente más atrasados llegaron primero a las redes sociales y dominaron el territorio. Ahora, desde ahí, como escuadrones digitales de camisas pardas, ejercen una nueva censura, alentada por el gobierno y sus operadores digitales.

Mientras la actual élite del poder bloqueaba el Paseo de la Reforma en 2006, en Silicon Valley nacía Twitter. Escasos meses antes habían creado Facebook y YouTube. La entonces oposición tuvo la visión para subirse a la ola.  Entendió la importancia de crear perfiles falsos para aumentar el número de seguidores de sus propias cuentas, reales o falsas, con objeto de influir en la opinión pública que acudía maravillada al ámbito de las nuevas tecnologías.

Esos políticos de ideas retrógradas que ahora están en el gobierno –anclados en los años 70 del siglo pasado- encontraron en las redes sociales una herramienta que les ayudó a extender el resentimiento y el odio. Ahora, desde Palacio Nacional, intimidan a los medios tradicionales, con éxito en la mayoría de los casos. Hay diarios que le dan al presidente las ocho columnas todos los días, diga lo que diga. Hay otros que ocupan su espacio principal en temas baladíes y ocultan en páginas interiores –o de plano no  publican- los grandes problemas nacionales.

Pero nada es para siempre. El mal gobierno tuvo repercusión en las redes y, de pronto, los que habían llegado primero y dominaban el territorio, empezaron a perder las batallas. El presidente empezó a quejarse porque le están aplicando una sopa de su propio chocolate y le pidió cuentas a Twitter y  Facebook.

Las cosas no están saliendo como quiere el presidente. Desde el inicio de este gobierno, se puso en marcha una forma no tan sutil de censura. Se promovió la invención de “medios de comunicación” en redes sociales y se les acreditó en Palacio Nacional. Tienen derecho a la primera fila en el montaje mañanero. Son utilizados para alabar al presidente y hacerle las preguntas que previamente les escriben. Pueden hacer hasta cinco. A cambio, se le paga con tráfico de influencias y por orden presidencial, dadas en público, se les abren las puertas del gabinete. De esa manera, se impide que los verdaderos reporteros puedan preguntar sobre los temas candentes del día.

Cuando un auténtico reportero hace una pregunta importante o sugiere una contradicción del discurso presidencial, las cuentas del gobierno le caen encima con insultos y amenazas. El propio presidente lo presume:  “Si ustedes se pasan, ya saben lo que sucede”. El gobierno apuesta primero por la autocensura de los medios y la contención atemorizada de los reporteros.

Pero eso es solo la punta del iceberg. Por abajo del agua, la poderosa infraestructura de redes, consolidada a lo largo de 12 años, se está utilizando, según me revelaron dos funcionarios del gobierno, para bloquear y desviar la información de los medos tradicionales y los comentarios de los críticos del gobierno. En eso sí están adelante.

 

POR FERNANDO HERRERA ÁVILA
VOCERO DEL PAN
@FHERRERAAVILA


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