#TodosSomosFIL

He visto, además, a antiguos adolescentes regresar quince años después, casados, a llevar a sus herederos al mismo lugar que los formó

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Pedro Angel Palou/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Me preocupa que en una “mañanera” se quiera denostar el trabajo y la influencia decisiva de la FIL de Guadalajara. Que AMLO diga que las últimas ferias han sido realizadas “contra él” por haber invitado a Vargas Llosa o a Enrique Krauze. Incluso que el presidente declare que la feria no merece haber sido galardonada -junto con el Hay Festival- con el Premio Princesa de Asturias 2020. Es penoso que alguien crea que un evento cultural de tal envergadura se hace por o contra él. Enrique Peña Nieto hizo el más espantoso ridículo allí mismo al no poder mencionar tres libros que hubiese leído y al equivocarse en el autor de uno de ellos. Pero es problema del expresidente, no de la FIL.

En 2019 asistí a mi FIL 25. He crecido con la feria, desde aquel momento en que Jorge Volpi y yo de la mano de nuestro extrañado Sandro Cohen firmamos solo dos ejemplares de nuestros libros. Se ha vuelto la mejor feria del libro del mundo, no solo del español. Con creciente sección de profesionales, los cada vez más frecuentes intercambios de ventas de derechos de autor y más de ochocientos autores y casi un millón de visitantes.

He visto, además, a antiguos adolescentes regresar quince años después, casados, con hijos, a pedirnos autógrafos, a comprar libros, a llevar a sus herederos al mismo lugar que los formó. La FIL es parte de la educación sentimental no solo de los tapatíos, sino de todo el Bajío. Recuerdo al gran Antonio Ortuño haciendo sus pinitos como periodista (cuando el crack apenas sonaba) y ahora es uno de los más importantes novelistas de México. Y omnipresente en la FIL, claro, una de sus casas.

Para un escritor ir a la FIL representa no solo la exposición necesaria, la prensa, los lectores, quizá ver a sus editores y agentes, sino reforzar la amistad con otros escritores a los que ve en los cocteles, las fiestas, las presentaciones. La FIL es tan enorme que no te alcanza el tiempo para verlos a todos, para leerlos a todos.

Es también, claro, una fiesta de los egos. Y de los desmanes. Los chismes corren de quién incluso llegó a su presentación absolutamente borracho, o de quien insultó a su presentador. En algunas fiestas se viven pleitos memorables. Pero son moscas en el arroz, aislados momentos de lo que en realidad es una fiesta de los libros y del idioma español.

Hace unos años me tocó presentar a Rushdie. Conservo el momento como uno de los más memorables de mi vida como escritor. Pero no le va a la zaga a haber conocido al gran escritor colombiano Evelio Rosero y presentar su Toño Ciruelo. Puedes toparte con un premio Nobel, pero también con tu escritor favorito que no tiene por qué ser uno de los más buscados y laureados. Incluso la ex actriz porno, Sasha Grey estuvo por segunda ocasión en la feria y Alejandro Rosas, el historiador que la presentó fue, por unas horas, el hombre más envidado de Guadalajara.

Hay grandes eventos culturales que han conservado, con el tiempo, su filosofía inicial. La FIL, el Festival de Cine de Guadalajara, el Cervantino -a pesar de los excesos de muchos jóvenes visitantes sigue siendo la gran fiesta de las artes en México-, el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Quiero pensar que la FIL, sin embargo, es el más importante de ellos, porque es absolutamente democrática, porque cientos de miles de niños y adolescentes la visitan gratis y porque muchos conocen a su escritor favorito y se enganchan con la lectura, esa otra fiesta de los tantos mundos que te abre la vida para siempre. La FIL, mi segunda casa, mi casa actual en México, es de todos los eventos culturales de mi país el que mejor nos representa. Este año será virtual y ese cambio puede llegar para quedarse, la FIL debiera volverse híbrida a partir de ahora y permitir que quienes no puedan ir asistan virtualmente, al menos a los grandes eventos y presentaciones.

Que la Feria del Libro de Guadalajara siga muchos años y nos sobreviva a todos. Ojalá supiéramos replicar su éxito en otros lugares de México, con diversas iniciativas de todo tipo (cine, artes plásticas). La Cultura es nuestra única tabla de flotación hoy por hoy.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU


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