La cruzada y la estafa

No podemos especular con el dolor permanente de la pobreza, y en particular, con el acceso a la alimentación

La cruzada y la estafa
Luis David Fernández Araya/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Tenía que suceder, un programa tan ambicioso que se había planteado “cero hambre” en México sonaba de suyo inalcanzable, aunque es común que dentro de las declaraciones de los programas sociales pasados siempre fueron acompañados de frases como “fin a la pobreza”, “igualdad para todos”, etc., lo cierto es que la Cruzada Nacional Contra el Hambre no sólo no solucionó el problema del acceso a la alimentación, sino que además, sus esfuerzos fueron enfocados a otras pobrezas como la educativa o de acceso a la seguridad social, cuyos resultados también fueron magros.

Derivado de las evaluaciones que en su momento realizó el Coneval  al programa social estrella de la administración pasada se constató que ni era una cruzada, ni era contra el hambre, se concluyó, en todo caso que tenía problemas de diseño, sobrecargas de objetivos, falta de precisión en sus metas, problemas con su población objetivo, confusión entre acceso a la alimentación y las otras pobrezas, vamos, problemas hasta conceptuales.

Esto a pesar de todo el recurso destinado vía presupuesto para su atención. Curiosamente a finales de la pasada administración ya no se volvió a hablar de la Cruzada, no se discutieron sus resultados (invisibles) y por ende, se dejó pasar la oportunidad de atender uno de los lastres sociales y más dolorosos de cualquier sociedad: el dolor de irse a dormir a diario con hambre.

Y hoy de manera inercial y acorde a los objetivos de reducir la corrupción en la actual administración surge con claridad que estos recursos fueron utilizados con fines electorales no nos sorprende y nos hace todo el sentido respecto de la ineficacia de la Cruzada Nacional.

Lo que resulta una cubetada de agua fría a nuestros problemas sociales, nos arroja sin piedad en la cara que se venía privilegiando los temas electorales por encima de los 28 millones de personas que padecen hambre en México, donde sin escrúpulos y por órdenes de quien fuera, estos recursos fueron desviados de su objetivo principal. Nos duele y nos tiene que seguir doliendo.

No podemos especular con el dolor permanente de la pobreza, y en particular con  el acceso a la alimentación, porque para bien o mal, después de la pandemia no volveremos a ser los mismos.

Nuestra discusión sobre los problemas comunes ha cambiado, las arenas han pasado de los lugares públicos (representados con la masa reunida, en físico) a otros foros, a otros espacios virtuales, pero nuestros problemas siguen ahí recordándonos que hemos modificado nuestra forma de convivencia y que por más cruzadas que hagamos juntos, si terminan como en estafas, de nada nos habrán servido lecciones tan duras como la pandemia.

POR LUIS DAVID FERNÁNDEZ ARAYA
COLABORADOR
@DRLUISDAVIDFER

 


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