El motor de la economía mexicana

Una serie de cambios en puerta podrían poner en riesgo al sector manufacturero de exportación

El motor de la economía mexicana
Jorge Andrés Castañeda/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

La historia del sector exportador en México es una de éxito, somos una de las principales potencias exportadoras del mundo. Aunque el crecimiento económico del país ha dejado mucho que desear, en el sector manufacturero de exportación la realidad es otra. Las entidades cuyas economías están enfocadas al sector externo han tenido tasas de crecimiento aún superiores a los países del sudeste asiático.

Incluso, las condiciones están dadas para que este sector —que va desde automóviles, autopartes, aeronáutica, equipo médico y sinfín de componentes electrónicos— crezca aún más. Las tensiones entre Estados Unidos y China y la certidumbre sobre las condiciones de intercambio resultado de la ratificación del T-MEC podrían generar las condiciones para que empresas decidan reubicar plantas a México.

Sin embargo, una serie de cambios en puerta podrían poner en riesgo al motor de nuestra economía. Aunque los nuevos requerimientos de las cláusulas laborales y ambientales del T-MEC son positivos, podrían tener un impacto a corto plazo sobre los costos de producción y por ende la competitividad de las exportaciones. Por otro lado, los productores mexicanos vienen padeciendo altos costos energéticos desde hace años. Los mensajes que ha mandado el gobierno sobre inversión privada en este sector son evidentes, lo que indica que esta problemática no se solucionará. Al mismo tiempo, la reciente apreciación del peso y las expectativas de que esta continúe por el diferencial de tasas de interés. Por último, la situación de violencia e inseguridad en unas partes del país, como el Bajío, es más inmanejable para las empresas exportadoras.

Ninguno de estos factores representa por si solo un riesgo sistémico para el sector exportador. Algunos, como las obligaciones laborales y ambientales, son hasta positivos. Pero la combinación de todos estos puede representar un riesgo a mediano plazo para el principal motor de nuestra economía

Por esto es fundamental la intervención del Estado, tanto en el corto como en el mediano plazo a través de una política industrial activa. De forma inmediata es elemental manejar los nuevos requerimientos laborales y ambientales para que sí traigan los beneficios que implican, pero no sean un golpe tan abrupto en los costos del sector. También es imperativo corregir la política energética para que esta sea coherente e incentive la inversión privada, sobre todo en generación, para garantizar el acceso a energía a bajo costo. Y quizá lo más apremiante y no sólo para la economía, controlar la situación de inseguridad desbordada en partes del país. Pero en el mediano y largo plazo lo más importante es entender que la competitividad de México no puede depender de bajos costos, ya sea laborales o logísticos. Nuestra competitividad tiene que venir de mejor infraestructura y de una mano de obra mejor calificada, o sea mejor educada.  Para que México siga siendo la potencia exportadora que es, es imperante invertir más y mejor en la educación.

POR JORGE ANDRÉS CASTAÑEDA
COLABORADOR
@JORGEACAST


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