AMLO en la “larga duración”

Los cambios del mundo en materia tecnológica exigen cada vez mayor capacitación y precisión en el diseño de políticas que solo mostrarán su éxito en el largo plazo

AMLO en la “larga duración”
Arturo Sanchez Gutierrez./ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

La relectura de Fernand Braudel sobre “La Larga Duración”, en su clásico libro La Historia y las Ciencias Sociales, Alianza Editorial, 1970, inspira una reflexión sobre lo que hoy parece la búsqueda de un cambio transformador de las dimensiones del movimiento de independencia o de la misma Revolución Mexicana. Para Braudel los “acontecimientos” (la corta duración) son explosivos y detonantes. El acontecimiento, dice el historiador, “echa tanto humo que llena la conciencia de los contemporáneos; pero apenas dura, apenas se advierte su llama”. En consecuencia, cualquier gobierno puede aportar al cambio, definir caminos y políticas, incluso podría imprimir una marca en el conjunto de acontecimientos que, en la larga duración, le darán forma a las grandes transformaciones que registrará la historia.

Con todo, la responsabilidad de un gobernante con visión de estadista, es atender la coyuntura que le toca enfrentar y ser eficiente en la solución de problemas que ni siquiera imaginó al tomar el poder. López Obrador no podía adivinar la aparición del COVID 19, pero sí era posible diseñar políticas eficientes, incluyentes, consensadas, para contener la catástrofe en la que nos encontramos hoy. Ello implicaba reorientar prioridades, modificar estrategias y sacrificar proyectos. Dos o tres años de COVID 19 en la larga duración de nuestra historia serán solo un accidente, en la visión de Braudel, pero los errores de hoy afectarán a una generación que enfrentará retos mayores para continuar la transformación a la que se aspira para el desarrollo de nuestro país.

Los cambios del mundo en materia tecnológica exigen cada vez mayor capacitación y precisión en el diseño de políticas que solo mostrarán su éxito en el largo plazo. En el mundo de hoy, la eficiencia de los gobiernos no es un lujo, sino un imperativo de todo gobernante responsable. De otra manera, un tren en la península de Yucatán, una refinería o un aeropuerto podrían ser políticas aisladas que difícilmente trascenderán en el devenir histórico, y se habrían utilizado recursos en proyectos en los tiempos que podrían haber sido más necesarios para atender otros asuntos.

Ante la tragedia de las inundaciones de Tabasco, fueron necesarios dos años de este gobierno para que en la propia tierra del Presidente se decidiera crear una comisión que atienda un problema recurrente, año tras año. Se podrá decir en el discurso que todo es culpa de los gobiernos anteriores, del neoliberalismo y la corrupción. Con todo, el problema sigue siendo ofrecer resultados y eficiencia en el desarrollo de las políticas. De esa manera no habrá transformación posible, a pesar del prestigio presidencial y de los acontecimientos que en el corto plazo generan ilusión y expectativa. En la larga duración de Braudel, las políticas ineficientes serán olvidadas por la historia y solo quedará la soberbia de quien ni siquiera invitó a usar cubre bocas ante la pandemia.

 

POR ARTURO SÁNCHEZ
DECANO EN EL TEC DE MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG


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