Hablar de corrupción

Luego de dos años de la 4T, parecería que la principal bandera del gobierno sólo ha quedado en el discurso

Hablar de corrupción
Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

Dentro del cartesiano político, las coordenadas de partidos o personajes políticos son determinadas por su ideología y los discursos o acciones emanadas de esta. En nuestro país, en cada periodo electoral es común escuchar frases, ver anuncios en TV o en redes sociales que indican que eliminarán la pobreza, que combatirán a la corrupción y que llevarán a México a la modernidad... lo que sea que esto signifique. Sólo guiándonos por esto, los partidos y candidatos en turno estarían situados a la izquierda, sin embargo, esto dista de lo que pasa en la realidad.

En este sentido, desde aquella alternancia consumada por el PAN y Vicente Fox se habló de “hacer las cosas diferentes”, pero hoy a la luz de la historia, el docenio panista no significó gran cambio en el rubro de combate a la corrupción, pero sí en medidas de privatización, tal y como dicta un partido de derecha como el PAN. El regreso del PRI profundizó aún más la percepción de que la corrupción es endémica al mexicano, pero el partido se mantuvo en el centro con una visión institucional. La llegada de Morena al poder y el discurso de López Obrador de “primero los pobres” y combate a la corrupción lo sitúa a la izquierda, y su famoso diferenciador de lo que él llama el PRIAN aseguraba ser distinto, pero ¿en realidad AMLO y la 4T combaten a la corrupción?

Y es que hablar de corrupción es una cuestión de simple definición: “la malversación de los dineros públicos que antepone el interés privado al público”, sin embargo, es un fenómeno complejo que va más allá de su concepción.

No podemos olvidar la impunidad, pareja indisoluble de la corrupción. Por un lado, tenemos opacidad en el ejercicio de recursos públicos y por el otro, ningún incentivo para no caer en la tentación del enriquecimiento ilícito. Luego de dos años de la 4T, parecería que la principal bandera de esta administración sólo ha quedado en el discurso.

Bastaría una somera revisión a los discursos en las mañaneras y en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024, para darnos cuenta que, en 90% de los casos hace referencia a esto, pero en la realidad no ha pasado mucho en este tema. La persecución o, mejor dicho, cacería de brujas a los personajes corruptos del gobierno anterior pasa más por una revancha política personal que por la impartición de justicia o combate a la impunidad. De igual manera, los actos de corrupción señalados a Bartlett y su hijo, o los del mismo Pío López Obrador, no causaron cisma alguno en este “gobierno transformador”, lo mismo podríamos señalar del alarde del combate al huachicoleo, Pemex, fideicomisos, programas, etc., pero lo cierto es que, en realidad, no se ha avanzado de manera tangible.

Así pues, la justicia seleccionada, usar el hacha en lugar del bisturí para la desaparición de programas y proyectos, las omisiones en actos de corrupción de su equipo de trabajo y la ausencia en herramientas como la rendición de cuentas, transparencia, gestión para resultados, o la falta de articulación en las acciones, no abonan a la disminución de la corrupción en nuestro país. Ya tendremos oportunidad de hacer un corte a mitad de la gestión de la 4T.

 

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

 


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