¿No les da envidia?

Las cosas se hacen a la manera del propio Ackerman: a rajatabla, sin sutilezas. Entregado

¿No les da envidia?
Julio Patán/ Malos modos/ Opinión El Heraldo de México

Habla Macario Schettino en su columna del triunfo de Joe Biden como del regreso de la decencia a la política. Me parece que a Biden le gustaría leerlo, porque cada una de sus intervenciones desde el día de la elección hasta que pudimos darlo por ganador, fue una apuesta calculada, meticulosa, por transmitir la sensación de decencia: esos recordatorios de que gobernará para todos; esa elegancia de no referirse directamente a Trump; esa falta de insultos y descalificaciones…

¿No les da envidia?

Más o menos en el mismo periodo, en México vimos que:

El Presidente, en una mañanera, ponía “La casita”, la canción con que Óscar Chávez hizo mofa de la corrupción priista cuando hacer mofa implicaba ser valiente y enfrentarte a un régimen autoritario y represivo.

El Presidente, en cambio, lo hizo desde el enorme poder que atesora, en un nuevo intento de desacreditar a la disidencia.

Vimos también una “historieta”, pagada con dineros públicos, en la que El Fisgón explica la mortandad por COVID con el argumento que ya sugirió López-Gatell: que la culpa es de la población misma, por su obesidad, su diabetes, su hipertensión. Por comer irresponsablemente. El mensaje es inaceptable; el humor, bueno… “¿Qué te estás tragando?”, le llamó.

Sin olvidar el episodio Sabina Berman-John Ackerman. Es muy menor, claro. Pero el desfiguro fue mayor. La que abrió fuego fue Sabina, con razones creíbles. Durante una de las emisiones del programa John & Sabina, que paga Canal Once con nuestros impuestos, ella, enojada, cuando Ackerman le cede la palabra, revira con sarcasmo: “¿Qué me toca hacer, John?”, para rematar: “¿Me tienes alguna pregunta preparada, para que yo la diga?”. Luego, en redes, donde se dieron con todo, supimos lo que pasaba: que Ackerman ha intentado sistemáticamente darle un cuartelazo al programa, conducido, en principio, por ambos. Es difícil no creerle a Sabina. Va nuestra solidaridad, y una observación: en este régimen no hay lugar para tibiezas propagandísticas.

Las cosas se hacen a la manera del propio Ackerman: a rajatabla, sin sutilezas. Entregado.

No se valen lavados de cara como criticar lo de los fideicomisos, por mucho que luego celebres que con el Presidente se inauguró la plena libertad de expresión en México (¡!).

A ver qué pasa. ¿Será que se abre una puerta para John & Irma Eréndira?

Pero claro, nada iguala la negativa presidencial a felicitar a Biden, casi una manera de acusar a los demócratas de hacer fraude, sí, y sobre todo de anclar la política nacional en las obsesiones de nuestro mandatario, que, faltaba más, hizo referencia al fraude del fraude, el de 2006. Eso sí, es un desfiguro que compartió, democráticamente, con sus fieles, entregados a la causa de Trump. Izquierda y ultraderecha unidas, jamás serán vencidas.

Repito: ¿no les da envidia?

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


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