El verdadero debate está en las calles

Por una parte, el presidente Trump renovó su estrategia política entorno al miedo y la mentira, a pesar de las consecuencias de una coyuntura social, económica y sanitaria sin precedentes

El verdadero debate está en las calles
Azul Etcheverry / El Heraldo de México / Opinión

El pasado martes se llevó a cabo el primer debate presidencial rumbo a las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. Desde mi perspectiva, no había visto un nivel tan bajo en la discusión política y social de los temas en la agenda norteamericana desde los orígenes de este ejercicio democrático en 1960. Fueron más de 90 minutos de ataques, desacreditaciones y mentiras, con los cuales bien se podrían englobar los últimos cuatro años de gobierno de ese país.

Por una parte, el presidente Trump renovó su estrategia política entorno al miedo y la mentira, a pesar de las consecuencias de una coyuntura social, económica y sanitaria sin precedentes. Desde la llegada (anticipada) de la pandemia a los Estados Unidos, el presidente se ha dedicado a entorpecer las estrategias del Estado para contrarrestar el avance de un virus debido al menosprecio sistemático que demuestra ante las evidencias científicas y advertencias de expertos, que hoy tiene al país con más de 7 millones de infecciones reportadas y más de 205 mil lamentables decesos.

Además, el descontento social y sus consecuentes movilizaciones con trasfondo racial se agravan por la crisis del coronavirus. Se ha identificado que las poblaciones minoritarias, en específico la afrodescendiente y latina, son las que más han padecido los estragos de la pandemia al ser las más propensas a perder su fuente de trabajo y no contar con acceso a servicios de salud. A su vez, los recientes asesinatos de afroamericanos por parte de cuerpos policiacos adoctrinados en hacer respetar “la ley y el orden” en su descripción más fundamentalista, han azuzado a las facciones más polarizantes del país, dando cabida a movimientos como el Black Lives Matter o las milicias de supremacistas caucásicos que el mismo presidente Trump se niega a condenar públicamente.

Por la otra parte, el candidato demócrata Joe Biden se presentó en un escenario para el que no estaba preparado, el de los insultos y la calumnia. Y es que la personalidad del originario de Scranton, PA es diametralmente opuesta a la del candidato republicano, cuestión que se hizo evidente durante la repartición de injurias entre uno y el otro. 

Biden es un candidato experimentado con una vida política moderada que tuvo su mejor época siendo el Vicepresidente de Barack Obama durante la administración pasada. Sin embargo, en su actual campaña no ha logrado ser ese agente vinculante entre los demócratas, ya que la alternativa de izquierda que representaba el cada vez más popular Bernie Sanders no convencía a los demócratas de centro y conservadores. Esto convirtió a Biden en la “menos peor” de las propuestas dentro del conceso demócrata.

En ese sentido, la sociedad no es ajena a este sentir y demuestra en las encuestas que el respaldo que tiene el candidato demócrata se da como una desacreditación al gobierno de Trump y no como el resultado de su mérito propio. Hablando de encuestas, las más recientes tienen a Biden con un 54% de preferencia del electorado frente a un 44% de Trump, no obstante, esta diferencia se ha dio reduciendo, particularmente en los estados columpio que en las elecciones anteriores se decantaron por la opción republicana.

Lo que vimos en este “debate” fue un claro reflejo de lo que vive la sociedad norteamericana a diario. Una mezcla de desinformación, mentira y política del miedo que tiene a una de las democracias más respetadas del mundo contra las cuerdas. Sin duda vienen semanas más intensas conforme se acerca el 3 de noviembre.

 

POR AZUL ETCHEVERRY

AETCHEVERRYARANDA@GMAIL.COM

@AZULETCHEVERRY

eadp


Compartir