Enemigo historiador

En el año 2013 se generó una controversia en Japón debido a que el gobierno japonés propuso reescribir los textos de historia en las escuelas con el objetivo de mostrar una visión más patriótica sobre la nación

Enemigo historiador
Ignacio Anaya Minjarez / El Heraldo de México

Siempre que un gobierno se quiere valer del pasado para un determinado fin encuentra una oposición por parte de dicha comunidad. La figura del historiador se presenta como aquella o aquel que derrumba la mitología creada por los gobiernos para fundamentar un sentimiento nacionalista o patriota. Esto ha creado una especie de fricción entre las y los que se dedican a dicha disciplina, estudio o ciencia (es tema de debate) y las personas que ostentan el poder político.

En el año 2013 se generó una controversia en Japón debido a que el gobierno japonés propuso reescribir los textos de historia en las escuelas con el objetivo de mostrar una visión más patriótica sobre la nación. Varias y varios criticaron que tal acto ocultaba la responsabilidad de Japón sobre los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente contra China. En el 2010 la junta de educación de Texas presentó unos nuevos libros de texto de Ciencias Sociales para las escuelas públicas de dicho estado. En ellos se le restaba importancia a la esclavitud como causa de la Guerra Civil estadounidense e igualmente omitía temas como la aparición del Ku Kux Klan y las leyes Jim Crow en la historia de Estados Unidos. Nuevamente llegaron críticas sobre el tipo de educación que se le estaba enseñando a las niñas y niños de Texas en relación con el pasado.

Ante los acontecimientos como los dos mencionados aparecen las y los historiadores en la opinión pública. Siempre que un gobierno se quiere valer del pasado con un determinado fin encuentra una oposición por parte de dicha comunidad. La figura del historiador se presenta como aquella o aquel que derrumba la mitología creada por los gobiernos para fundamentar un sentimiento nacionalista o patriota. Esto ha creado una especie de fricción entre las y los que se dedican a dicha disciplina, estudio o ciencia (es tema de debate) y las personas que ostentan el poder político. Esto no quiere decir que el historiador siempre se encuentra en dicha situación, en la mayoría de los casos el discurso histórico oficial que promovió un gobierno se sustentó en ciertos historiadores adheridos al régimen y cuya escritura fue aprovechada con tal fin.

Mencioné dos casos en distintos países, pero es un fenómeno que practicante se puede observar en cualquier nación. En México tenemos el claro ejemplo de la historia oficial, la cual se ha visto modificada en ciertas ocasiones. No obstante, el discurso sigue ahí presente. En ese sentido las y los historiadores son los principales críticos de tal narrativa histórica, pero es importante tener en cuenta que también son producto de su presente o, en otras palabras: el historiador no está libre de las ideologías, corrientes de pensamiento y problemas actuales que rodean su vida, los cuales influyen al momento de pensar históricamente. Los casos de Japón y Texas son manifestaciones de los debates históricos que siguen presentes y vuelven al historiador en un actor social, confiriéndole una responsabilidad, a veces forzada, sobre cómo debemos mirar al pasado.

Por IGNACIO ANAYA MINJAREZ
COLABORADOR
@IGNACIOANAY
rcb


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