De lo que se trata es de joder

El poder político te da camionetas, viajes, inauguraciones en París, y hasta la posibilidad de vivir en un palacio

De lo que se trata es de joder
Julio Patán/ Malos modos/ Opinión El Heraldo de México

La camarada Polevnsky, que antes fue sorprendida en un centro comercial haciendo compras de las de capitalismo de lujo, entró en días recientes al hospital: COVID-19. Es un lugar privado, nada barato.

Y le cayeron a tuitazos y memes. Que vaya con el doble discurso. Que mucho celebrar la tiranía cubana y el narcoestado venezolano, con sus clínicas públicas sin aspirinas, para caer en un tugurio de gachupines avariciosos, que, además, son los enemigos de nuestra cultura.

En realidad, la crítica es extensiva a un número bastante elevado de cuatro transformadores. A la camarada Irma Eréndira Sandoval, por ejemplo, con sus casitas y su Cartier. O a Beatriz Gutiérrez Müller, con esos vuelos en bussines class. O al licenciado Manuel Bartlett. 

O al mismo presidente López Obrador, quien pasó del Tsuru al Jetta, y del Jetta a la caravana de Suburbans negras, relucientes, en menos de lo que tarda en desbaratarse un fideicomiso.

Y es que el poder político es sabrosísimo. Lo es aquí y en cualquier parte. Sí, el poder te da camionetas, viajes, inauguraciones en París, y hasta la posibilidad de vivir en un palacio. Y te da esas cosas lo mismo en las democracias liberales que en los populismos, como ese que ha llegado por sus fueros a nuestro país. 

Pero hay una diferencia muy, muy importante. Hay algo en el privilegio a la manera de los establishments populistas que no te da el capitalismo de toda la vida. Para entenderlo hay que remitirse, faltaba más, a uno de sus padres fundadores: Fidel Castro.

Siempre puesto para la foto, el comandante, que acaba de asaltar el poder, estira los brazos mientras una mujer lo viste, en plan monarca en Versalles. Se le ve feliz. Tiene motivos. 

Esa mente que nunca se detenía gozaba por adelantado de esa casa que sería un búnker lujosísimo, esos muchos kilómetros de mar que usaría en exclusiva para la pesca submarina, las muchas casas distribuidas por La Habana, la servidumbre, el yatecito. 

Pero sobre todo gozaba con la perspectiva de desmantelar a su país: de hacerlo pedazos, sí, en todos los ámbitos.

Bien, pues esa escuela del privilegio es la que siguen los camaradas 4T. La de los populismos de izquierdas. ¿Recuerdan esa expresión ya clásica: “No basta con que yo sea feliz, es preciso que los demás sufran”? Tal cual. 

Por eso es inútil llamarse a sorpresa porque desmadraron al Fonca, o porque alguien como María Elena Álvarez-Buylla se encargue del rollo científico, o porque adiós al Sistema Nacional de Investigadores, como son inútiles los change para que no acaben con la industria del cine o los llamados a la cordura.

Ya saben: “Queremos reunirnos con los legisladores para explicarles el funcionamiento de los fideicomisos”. Ternuritas.  Porque de lo que se trataba, desde el principio, con ese temple milenarista de los populismos, con esa vocación de Apocalipsis, era justamente de joder.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


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