La extinción de los Fideicomisos

Es falso que sea una medida que vaya a servir para hacer frente a la pandemia

La extinción de los Fideicomisos
Cynthia López Castro/ Columna Invitada/ Opinión El Heraldo de México

Basta una revisión de la lista de los 109 fondos y fideicomisos que el gobierno está proponiendo desaparecer para darse cuenta del error histórico que representa esta decisión. De un plumazo, sin mayor consideración o estudio, están planteando extinguir mecanismos que hoy permiten proteger a defensores de derechos humanos y periodistas, promover la creación de nuevas empresas nacionales, impulsar las industrias creativas, fomentar la investigación en ciencia y tecnología, apoyar a periodistas de alto rendimiento, responder con oportunidad ante desastres naturales. Es difícil imaginar una decisión que cause tanto daño a tantas instituciones y tantas personas.

Es falso que sea una medida que vaya a servir para hacer frente a la pandemia. La mayoría de estos fondos ya están comprometidos en proyectos y contratos. No se pueden liberar de un momento a otro para atender la pandemia. Si realmente quisieran destinar recursos adicionales para apoyar a las familias mexicanas, los tomarían de los proyectos faraónicos que no son rentables: de la obsoleta e inundada refinería de Tres Bocas, del aeropuerto militar de Santa Lucía o del ecocidio del Tren Maya. Con cancelar uno solo de estos proyectos inviables se obtendría más dinero que con la desaparición de todos los fideicomisos que sí funcionan.  

El dinero que está en los fideicomisos no es suficiente para hacer una diferencia en la atención de la pandemia, pero al estar bien etiquetado y destinarlo a actividades estratégicas, sí puede lograr un impacto significativo en avances de investigación, en el desarrollo de vacunas, en el avance de la ciencia y la tecnología, en la creación de películas y obras de teatro, en el impulso al deporte y en la protección de defensores de derechos humanos.  

Aducen como justificación que ha habido abusos y prácticas de corrupción en el manejo de los fideicomisos. Tal vez esto sea cierto en casos específicos, pero por regla general, estos fideicomisos se caracterizan por tener un objetivo bien definido y reglas de operación transparentes para poder obtener una beca, un crédito o lanzar un proyecto de investigación. Con su extinción, no solamente se pone en duda la continuidad de los proyectos y de los apoyos sino que es un paso atrás en materia de transparencia y rendición de cuentas. En todo caso, habría que evaluar los beneficios sociales de cada fondo y contrastarlo con el costo de su desaparición. Tomar la decisión de extinguirlos todos de un machetazo es de una brutalidad absurda.

Estamos ante una decisión que va en contra de la ciencia, en contra de la cultura, en contra de la seguridad y de la atención a víctimas, en contra de la protección civil y en contra de la libertad de los ciudadanos. ¿Cómo explicar una decisión que afecta a tanta gente?, ¿Quién gana cuando tantos pierden?, ¿Quién la promueve y a cuenta de qué?  La única respuesta plausible es que se trata de un paso más en el esfuerzo por concentrar más y más el poder en las manos de una sola persona. Sólo se puede entender como otro manotazo sobre la mesa para demostrar quién manda sin importar los costos ni los fines. Al restringir los ámbitos de independencia y politizar estos fondos, se están sometiendo al capricho del Presidente y se abre la puerta al premio o al castigo por consideraciones políticas.

Mi responsabilidad como representante popular es escuchar a los ciudadanos y tomar decisiones que respondan a sus preferencias. En las últimas semanas recibí cientos de cartas, mensajes, tuits y solicitudes por diversas vías para pedirnos que no concretemos este despojo, que no desaparezcamos a los fideicomisos. Por eso, en estricto apego a mi convicción y a mi consciencia, yo voté en contra de la desaparición de los fideicomisos.

CYNTHIA LÓPEZ CASTRO
DIPUTADA FEDERAL
@CYNTHIALOPEZC1


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