Deuda con la niñez

Esta es una terrible realidad para nuestra infancia, sobre todo tomando en cuenta que se trata solo de casos denunciados

Deuda con la niñez
Valeria González Ruiz / Opinión El Heraldo de México / Columna Invitada

Las niñas, niños y adolescentes son el gran sector de la población con quien estamos en deuda. Hemos fallado en protegerlos y garantizarles una infancia segura y feliz. En México cada día 7 niñas y niños son víctimas de homicidio, y 41 víctimas de lesiones, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública 2020. Adicionalmente, en el año 2019 se reportaron 200 víctimas trata de personas, 97 víctimas de feminicidio y 90 víctimas de rapto, todas ellas menores de edad. 

Esta es una terrible realidad para nuestra infancia, sobre todo tomando en cuenta que se trata solo de casos denunciados y en México el 93% de todos los delitos no se denuncia o no se abre carpeta de investigación, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI

Pero eso no es todo, la gravedad de esta realidad se incrementa si tomamos en cuenta que niñas, niños y adolescentes también son víctimas indirectas, “testigos invisibles” en otros contextos de violencia. Un claro ejemplo se observa alrededor de los huérfanos del feminicidio, quienes han perdido a sus madres o cuidadoras, enfrentan el rompimiento de su estructura familiar y se encuentran en situaciones de alta vulnerabilidad. 

Entonces ¿por qué digo que le hemos fallado a la niñez mexicana? Porque aún no asumimos la responsabilidad colectiva de cambiar esta situación. Una niña, niño o adolescente no detendrá por si solo a un agresor, no exigirá justicia, ni activará por sí mismo los mecanismos correspondientes, pero tampoco es su responsabilidad. Nosotros tenemos que protegerlos y asegurarles un entorno libre de violencia. 

Bajo el esquema metodológico de la teoría de la prevención situacional del delito, para que un delito suceda es necesario que concurran en tiempo y espacio 3 elementos: la víctima, el delincuente y la ausencia de un guardián capaz de prevenir esa situación. Por ejemplo, una persona, autoridad, ley, o institución, a través de su intervención y protección. 

Así pues, cualquier ciudadano de a pie -además de las autoridades competentes-, puede evitar los delitos que impactan a niñas, niños y adolescentes. En nuestras manos está cambiar su realidad, no debemos estar ausentes, cada uno de nosotros debe de asegurarse del bienestar de las niñas, niños y adolescentes que están a nuestro alrededor. 

En ese sentido, es necesario escucharlos; informarnos; involucrarnos más en los problemas que los afectan; posicionar a la niñez como una prioridad; si observamos algo que pueda ponerlos en riesgo, romper el silencio; si conocemos de algún delito, denunciarlo; cooperar con organizaciones dedicadas a su protección y cuidado; y exigir a las instituciones encargadas de protegerlos, como los Sistemas de Protección Integral y las Procuradurías de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, estén dotadas de fuerza y hagan su trabajo salvaguardando el interés superior de la niñez. Comprometidos con esta causa, lograremos cambiar su realidad y asegurar su sano desarrollo.

 

POR VALERIA GONZÁLEZ RUIZ

COORDINADORA DE VINCULACIÓN E INCIDENCIA EN POLÍTICAS PÚBLICAS DE EARLY INSTITUTE

VGONZALEZ@EARLYINSTITUTE.ORG


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